sábado, 13 de febrero de 2016

Días 35 a 37 - Vang Vieng III


El nuevo día nos recibía con unas pocas nubes y ganas inmensas de realizar el tour de semiaventura que contratamos la tarde anterior por 90.000 kips cada uno (20 euros en total).
 
En concreto íbamos a visitar una aldea vecina, varias cuevas y para acabar un descenso en kayak por el Río Nam Song hasta el mismo pueblo de Vang Vieng.
Como siempre lo primero, un buen desayuno para coger energías y un pequeño paseo hasta el lugar de recogida de la excursión, en el mismo negocio donde la contratamos en la calle principal que baja al río.

Nos recogió una especie de songteo con nuestro guía, Toto y un par de ayudantes.
Después de esperar a que llegaran todos lo que habían contratado la excursión salimos del pueblo y nos fuimos introduciendo por un camino entre el valle y el río... pasando por las las típicas carreteras de tierra que nutren el asfalto (o los trozos de asfalto que quedan) en Laos.

Tras un tramo de unos 15 kilómetros llegamos a nuestro destino... una aldea rural laosiana, con sus gallinas, vacas, cultivos diversos y construcciones precarias de paja, palmera, bambú y madera. Fue un momento bastante incómodo para nosotros, pues yendo en grupo y cruzando la aldea, parecía que eso fuera como un zoo humano, que estuviéramos invadiendo la intimidad de sus habitantes y sorprendiéndonos con cosas tan tontas como: “Oh! Una jaula para gallinas! Oh! Mira que casa más sencilla...” y cosas así. Así que por respeto a ellos y por conservar un poco nuestra dignidad de “viajeros” decidimos no sacar fotos del lugar. 

Tras atravesar la aldea nos acercamos hasta la primera de las cuevas, la Cueva Tham Sang (Cueva del Elefante) por caminos rodeados de arrozales.
Esta cueva recibe su nombre por una roca que tiene forma de elefante y que los habitantes de la zona creen que les protege cuando hay inundaciones. Fue usada como refugio en tiempos de guerra (como la mayoría de cuevas que vimos en Laos), debido también a que es bastante profunda y podían hacer acopio y conservar alimentos.
Dentro de la cueva hay una huella de Buda de gran tamaño con grabados de su vida y alguna imagen.

Entrada a la cueva Tham Sang

Dentro de la cueva

El elefante que da nombre a la cueva


Huella de Buda e imágenes del mismo
 
La Huella de Buda

Tras esto atravesamos andando durante unos quince minutos varios arrozales y campos de cereales para acercarnos hasta la Cueva Tham Nam (la Caverna del Agua).
Esta cueva se caracteriza porque para adentrarse en ella hay que ir a nado o practicando “tubing”, pues se accede desde una pequeña piscina natural y la cueva en sí está cubierta de agua.
Una vez dentro, al estar inundada, hay que seguir tubeando usando como guías unas cuerdas instaladas a lo largo de su recorrido.
Dentro hay bonitas formaciones de estalactitas y estalagmitas que ademas se reflejan en el agua, aunque cuestan de ver, pues no hay iluminación artificial otra que la pequeña linterna frontal que te entregan al entrar, con la que más que iluminar, ciegas a los otros “visitantes” de la cueva. Fue una experiencia muy chorra pero bastante divertida la verdad, pues éramos tantos allí dentro que íbamos todos en fila, chocando entre todos y ya de últimas tirándonos del neumático los unos a los otros.


Siguiendo a Toto

Tras esta turistada paramos a comer en la misma salida de la cueva, donde los lugareños han construido un pequeño restaurante, donde guardan tus cosas mientras haces el recorrido, un lavabo del terror y varias casetas para guardar el equipo de trabajo.
Por supuesto no falta una cantidad ingente de marcas de cerveza y demás licores. De comida arroz mil delicias laosiano y un par de Lao beer, claro.

Tras el descanso nos recogieron Toto y sus ayudantes para llevarnos a una pequeña playa de piedra al borde del río donde íbamos a empezar la última etapa de la aventura: la vuelta al pueblo bajando el río en Kayak.
Allí, a pie de río, Toto dió por sentado que los occidentales del grupo sabíamos nadar pero que los Koreanos no tenían ni idea, así que les repartió chalecos salvavidas por si las moscas. Recibimos un cursillo intensivo de ir en kayak y ya con nuestras cosas en bolsas estancas nos pusimos a ello.

"Nuestro" Kayak


Preparados?!

Por supuesto que nosotros dos éramos muy torpes y rápidamente y sin quererlo nos fuimos encarando hacia los rápidos y el peligro hasta que irremediablemente acabamos volcados y con el susto en el cuerpo.
Menos mal que salimos a flote rápidamente, aunque a Natàlia le costó lo suyo no ponerse nerviosa porque aunque hacía pie, la fuerza del agua empujaba el kayak y no tenía suficiente agarre para saltar otra vez encima del mismo. Salvamos nuestras pertenencias que increíblemente permanecieron secas! Tuvimos el dudoso honor de ser los únicos volcados de nuestro grupo...

Tras otro tramo en el río paramos a hacer un descanso a mitad de camino en uno de los famosos bares de tubing de donde escapaba una música electrónica infernal a toda pastilla y donde la gente ya estaba a primeras horas de la tarde deleitándose con chupitos de whisky Lao Lao y cervezas, mientras jugaba a voleyball en una pista que la verdad, parecía bastante profesional.

El bar parecía estar regentado por occidentales y ya se veía que la fiesta iba a ir yendo a más a lo largo que avanzase la tarde... en esos momentos serían las 15:00h.

Desde el bar

Esperando a que lleguen los del tubing para pescarlos, literalmente

Tras este descanso subimos otra vez a los kayaks y esta vez ya con más habilidad y rapidez empezamos a bajar el último tramo hasta el pueblo, cruzándonos por el camino con los más asiduos del tubing haciendo de las suyas a pesar de que la fuerza del agua era fuerte. Tenemos que confesar que estuvimos a punto de atropellar a un par de ellos, pero no fue por su culpa... es que no somos muy buenos en un kayak que digamos...

Tras nuestro kayaking y ver los rápidos que atraviesa la gente haciendo “tubing” estando borrachos, entendemos porque hay tantos accidentes y de vez en cuando alguna muerte...
Aquí se acaba el Tubing



Ya llegamos al pueblo y tras despedirnos de nuestros guías que, como fue habitual durante todo nuestro viaje por este rinconcito del mundo, fueron muy amables y divertidos, nos dirigimos por la calle principal hacía nuestro hotel para darnos una ducha reparadora y hacer un pequeño descanso hasta que llegase la hora de bajar a comer algo y aprovechar para engancharnos un rato a “Friends”. Que no se diga que no funciona como serie de marketing.

Al día siguiente ya teníamos que decidirnos a comprar nuestros billetes hacía la ciudad de Luang Prabang, un poco más al norte, pero la verdad es que nos encontrábamos tan a gusto aquí que decidimos quedarnos otro día más.

Al final compramos nuestros billetes por 100.00 kips cada uno (unos 22 euros en total) para salir en dos días a las 09.30h y aprovechamos ese día que nos quedaba para relajarnos y de paso hacer alguna compra, como una bolsa estanca igual que la que había salvado nuestras pertenencias en el accidente del kayak, y unas fundas estancas para nuestros móviles, ya que pensábamos que nos serían útiles en futuras aventuras del viaje, sobretodo con la idea en mente de que más adelante tocaba vivir la experiencia playera en las islas de Tailandia.

Billetes de Bus a Luang Prabang

Por supuesto el relax consistió en pequeños paseos, brindis con Lao Beer, unos buenos bocadillos y morirnos de risa con las peripecias de nuestra serie preferida del momento.

Mmmm... Bocadilloooo...


Todas las imágenes del blog pertenecen a Ruben Pereda. Pero si os interesa utilizar alguna, no dudéis en poneros en contacto con nosotros!!

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