martes, 29 de diciembre de 2015

Día 34 – Vang Vieng II

Nos levantamos con las pilas cargadas después de una buena noche de descanso y nos acercamos a la zona de bares y hostales masificada.
Encontramos un local con buenas ofertas para desayunar. Nos pedimos cafés, bocatas y un batido de plátano para Rubén, todo por unos cinco euros.  
Por supuesto volvimos los días siguientes. Siempre que encontramos un sitio que nos gusta a la primera, acabamos volviendolo y haciendolo "nuestro" por unos días.

Nuestro bar de los desayunos

Ya con ganas de aventura decidimos acercarnos a la Oficina de Turismo del pueblo en busca de información, con la idea de tomarnos un poco de libertad en nuestras visitas en vez de contratar un tour el primer día.
La oficina se encuentra en la misma calle principal del pueblo en dirección Vientiane, en un edificio nuevo de estilo colonial francés, saliendo del núcleo urbano principal.
Allí nos atendió un amable señor que nos entregó un mapa, bajo previo aviso que deberíamos pagarlo por el precio de un dólar. Nos anotó e indicó los principales puntos de interés de la zona, la distancia a la que se encontraban y nos orientó en todo lo que le preguntamos.

En el mapa está impreso un cómic explicando a los turistas qué hacer y qué no hacer en Laos (Do's and Dont's in Laos). Es una especie de guía de normas básicas de comportamiento en clave de humor, que aunque en un principio nos pareció chocante, más adelante comprendimos que no estaba ni mucho menos de mas recordar estas normas a los visitantes, ya que jóvenes enloquecidos por el exceso deambulaban por el pueblo en actitudes para nada educadas ni respetuosas ni siquiera en sus países de origen, mucho menos en una cultura tan pudorosa y contenida como ésta.

La mayoría de normas son de una lógica aplastante cuando viajas

Tras la charla informativa decidimos directamente ponernos en marcha hacía el objetivo más asequible, considerando nuestro (nulo) entrenamiento, el sol aplastante del día y que decidimos ir andando en lugar de alquilar bicicletas.

Nuestro objetivo era la Cueva Tham Chang, que se encontraba a tan solo un kilómetro y medio de distancia y cuyo camino no tenía perdida.

Acabamos de recorrer la calle principal, mientras Rubén esquivaba el ataque de un perro rabioso o enfadado, y ya nos internamos por un camino de tierra en dirección al río Nam Song.
Aunque cerca del núcleo de Vang Vieng, pudimos empezar a apreciar la belleza y el estilo de vida rural de la zona. Campos de flores, cereales y bananos y gente recolectando con un increíble paisaje montañoso de fondo.

De paseo

La cosecha

Seguimos caminando y por un momento casi se pierde el encanto cuando llegamos a la entrada de Vang Vieng Resort, que hay que atravesar obligadamente para acceder a la cueva y en cuya puerta tuvimos que pagar 10000 kips (1 euro) para que nos permitieran el paso.

Pero rápidamente volvió ese encanto nada mas atravesar el arco y ver un impresionante puente atravesando el Nam Song hacia un camino que se adivinaba perdiéndose en mitad de las impresionantes montañas cubiertas de árboles y enredaderas.

El puente estaba recién pintado

Haciendo el tonto...

En el puente más sorpresas... pudimos observar a los pescadores locales haciendo su trabajo. Uno de ellos con unas simples gafas de buceo va buscando las cuevas y bancos de peces sumergidos en el agua para que sus compañeros luego lancen las redes para capturarlos en el punto que los indica. Realmente asombroso.

A la de una...


A la de dos...

A la de tres!!

Clavao!

Tras cruzar ya nos dirigimos hacia la cueva por la parte “mas salvaje” del complejo, donde se intuye que antes había un bosque y que está muy cuidada: incluso había chicas barriendo el mismo camino de tierra y césped.
También, ya llegando a la cueva, hay varios puestos de comida, principalmente fruta, local.

Cruzado el puente el camino continúa

Sigue el camino de baldosas... ¿Amarillas? ¿De césped?

Al fin llegamos al pie de una escalinata donde en un pequeña garita con torno hay que pagar la correspondiente entrada (12.000 kips por pax -1.30 euros por pax) antes de empezar el ascenso.

A pagar!

Una vez atravesada la barrera te encuentras a los pies de una escalinata de piedra en mitad de un pequeño sotobosque y enredaderas que asciende por la ladera hasta llegar a la entrada de la cueva.

Parece poco...


La cueva Tham Chang siempre ha sido considerada sagrada en la zona debido a su conexión con los espíritus del agua, ya que un rio subterráneo pasa por ella. Hoy en día está consagrada a Buda y se puede encontrar una imagen en un pequeño altar en su interior.
En la antigüedad era un lugar donde se refugiaban los campesinos que se acercaban a Vang Vieng para vender y conservar (debido al frio de su interior) sus productos agrícolas, pero en el s.XIX se convirtió en un refugio hacia donde tuvieron que huir los habitantes del pueblo tras una invasión de tribus de bandidos procedentes de China. Desde entonces los lugareños creen que en caso de peligro si se refugian en ella nada les va a pasar.

Ya hidratados empezamos la subida, que aunque parece poco tiene su miga y a mitad de camino hay que aprovechar las vistas para tomar fotos (y un respiro!!). 

Allá vamos!!

A mitad de camino paramos para respirar... y sacar esta instantánea!

The King of the Jungle

Natàlia parece que resucitó al llegar arriba
Una vez arriba llegas a una pequeña sombrilla con un banco y a la entrada de la cueva, excavada en la montaña. Una vez dentro avanzas por un camino de piedra con barandillas, por lo que recomendamos un calzado adherente! La iluminación es escasa, por lo que las linternas no están de mas...

Entrada de la cueva

En su interior hay conjuntos de estalagmitas y estalactitas que los lugareños identifican con animales sagrados, como el mono, el elefante o las serpientes, pero la verdad es que hay que dejar volar la imaginación en la mayoría de los casos. 

Interior de la cueva

Rubén difuminado en el interior de la cueva

Véis las figuras de animales? Nosotros tampoco...

Eso sí, al final de un camino en el que ya se prohibía el paso y no había nada, pero nada de luz, nos encontramos con una araña “asesina loca” real. Mucho ojo que te puedes convertir en Spiderman! Rubén se acercó a intentarlo pero al final se acobardó... jejeje Sigue siendo un humano normal y corriente...

La amiga arácnida de Rubén está allí en la pared,no nos atrevimos a acercarnos mucho...

Tras este encuentro dimos media vuelta y caminamos hasta el otro extremo de la cueva. Pasamos por el altar consagrado a Buda, con una pequeña estatua de este, y llegamos a una pequeña entrada que da a un mirador, desde el cual se puede apreciar toda la zona, el río Nam Song, los campos de arroz y cereales, las montañas cubiertas de pequeños bosques.....
Ya solo por estas vistas merece la pena a la visita!

Desde el mirador

Temiendo la bajada de escaleras...

Con esto regresamos a la entrada (no sin antes darles un susto de muerte a dos señoras locales que habían ido a visitar el altar de Buda y no se habían dado cuenta de nuestra presencia hasta que nos las topamos de cara en una curva) y bajamos las escaleras para ir a ver la otra característica especial de la cueva. 

Subir cansa, pero bajar te destroza las rodillas...
Y es que en la base de la montaña se introduce el Nam Song por una entrada subterránea por la que se puede bucear y que avanza por la cueva unos 500 metros hasta perderse según la leyenda por todo el subsuelo de las montañas en un rio subterráneo.

Aquí empieza la cueva subterránea

A la entrada subacuática se llega por un pequeño puente que da a un pequeño embarcadero de madera que tiene una escalerita por la que descender a la entrada que forma una especie de  lago.
En un lado del puente en una pequeña porción de tierra que se rodea por todas partes de agua hay un pequeño templito-casa consagrado a los espíritus y los antepasados.

Mini lago que entra hacia el subsuelo

No nos decidimos al final a entrar buceando por no dejar nuestras cosas desprotegidas allí (había un chico muy raro merodeando y que no nos perdía de vista), pero por supuesto Rubén por lo menos se mojó los pies en el pequeño lago... y el agua estaba congelada de verdad!

No es Superman pero... será Aquaman?

Parece que el agua está demasiado fría para Aquaman...

Tras la increíble experiencia volvimos hacía el pueblo en busca de refrigerio y para dedicarnos por la tarde a buscar una oferta que nos llamara la atención de algún tour para visitar los alrededores... y eso es lo que hicimos, bañándolo todo con alguna Lao Beer (oh lo que daríamos ahora por una Lao Beer...), episodios de Friends y paseos contemplando el Nam Song.

Todas las imágenes del blog pertenecen a Ruben Pereda. Pero si os interesa utilizar alguna, no dudéis en poneros en contacto con nosotros!!

Si os ha gustado el post o si lo habéis odiado, si os habéis dado cuenta de que no somos muy buenos fotógrafos, si queréis que nos enrollemos menos y pongamos más fotos o al revés... cualquier cosa, podéis dejar un comentario aquí debajo!! Nos gustará leer vuestras opiniones!

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