A las 7:30h ya estábamos comprando nuestros billetes de
autobús hacía Vientiane, que partía a las 8:00h. No tuvimos que madrugar mucho porque si lo recordáis, dormimos en un hotelito en la estación. Nos quedamos sorprendidos
cuando en taquilla nos entendieron las intenciones perfectamente y amablemente
nos expidieron los billetes, con un seguro de viaje incluido en el precio (150.000
kips entre los dos, 16.50€) y sus cláusulas
explicadas tanto en laosiano como en inglés.
Parecía que la etapa anterior,
desastrosa y tensa, había llegado a su fin. Aprovechamos para comprar unos
bocatas de quesitos y unos plátanos para el recorrido y ya con media hora de
retraso emprendimos el camino.
Nuestro autobús parecía
seminuevo y en un principio no estaba tan abarrotado como todos en los que
habíamos viajado hasta ahora. Por supuesto a lo largo del trayecto se fue
llenando, haciendo paradas en puestos de comida con lavabos de pago y no sin aire
acondicionado, por lo que había que ir con las ventanillas abiertas respirando
el aroma inconfundible de basura quemada...
Pero el viaje, aunque largo, nos pareció bastante amable
considerando nuestra última experiencia autobusera.
Ya anocheciendo, a eso de las 18:00h, llegamos a la Estación
Principal de Vientiane, que estaba llena de actividad con los autobuses que
llegaban y salían y los conductores de tuk-tuk buscando en pleno negocio.
Al final, tras fallar en nuestros intentos de regateo con
varios conductores, conseguimos que uno de ellos nos llevara a nuestro destino
tras mostrárselo en un mapa bien grande de la ciudad que estaba colgado a las
puertas de la estación. En realidad no conseguimos un buen precio considerando
lo que teníamos que pagar, al cambio unos 6.50 euros, pero las ganas de llegar
eran poderosas y ya veíamos que era imposible regatear mejor.
Quedamos con el
conductor que nos llevase a la Plaza Nam Phou, en el mismo centro de la ciudad
y el punto neurálgico de alojamientos. Por el camino “tuvimos la suerte” de
compartir el tuk-tuk con varias mujeres que recogió por
el camino y acercó a varios puntos cercanos a la plaza. Está claro que para ser
conductor de tuk-tuk hay que ser avispado, pero este fue especial porque en
realidad fue el que nos impulsó a aprender a regatear bien durante el resto del
viaje, sin tener en cuenta nuestra cultura de precios.
Ya una vez llegamos a la Plaza Nam Phou, nos dedicamos a
buscar alojamiento por que no habíamos reservado nada, mientras recorríamos las
inmediaciones, con restaurantes y cafeterías de estilo occidental.
La tarea de encontrar
alojamiento resultó más difícil de lo esperado, ya que los alojamientos con
precios razonables de la ciudad se llenaron con los visitantes laosianos que
vienen desde las zonas rurales (las mismas afueras de la capital), sobre todo
jóvenes que vienen de fiesta (nosotros llegamos en Viernes).
Tras varios intentos en algunos hoteles con precios
excesivos, uno de los recepcionistas nos indicó la zona de guesthouses más
baratas y que podrían tener sitio y para allí fuimos.
Después de esperar un rato al recepcionista, éste nos enseñó
lo que tenía libre y aunque el aspecto era viejo y no estaba muy limpio y los
mosquitos sobrevolaban la habitación,
decidimos quedarnos ahí esa noche y al día siguiente buscar un sitio
mejor.
Pagamos 120.000 kips
(14€) por una habitación con wc, ducha y aire acondicionado aunque
también había habitaciones por 90.000 kips con baño compartido.
Una vez instalados, salimos a cenar en uno de los
restaurantes cercanos y volvimos a descansar para recuperar fuerzas después de
esta etapa.
Al día siguiente nos levantamos y decidimos ir a desayunar a
una de las cafeterías que habíamos visto la noche anterior para luego ir en
busca de un nuevo hotel mientras
nuestras mochilas estaban en la habitación del día anterior.
Alrededor de la Plaza Nam Phou hay una gran variedad de oferta de
hostelería con restaurantes franceses, italianos, americanos, cafeterías y
panaderías...eso sí, los precios en comparación con los sitios locales son muy
caros, pero por esta vez merecía la pena un desayuno con café, zumo y bollería
al estilo europeo a pesar del precio (80.000 kips- 9€).
Tras el desayuno delicatesen ya empezamos a buscar un nuevo
alojamiento en esa misma calle, una de las calles principales que convergen en
la Plaza: Setthathilat Road.
Al final nos decidimos por alojarnos en Mixok Inn,
donde encontramos una habitación por 150.000 kips con baño y ducha propias,
aire acondicionado y desayuno incluido.
La diferencia de habitación, incluida una esmerada limpieza
y mucho más comfort, era abismal, aunque en un principio nos impactó que la
amabilidad de los recepcionistas brillaba a veces por su ausencia. Durante todo
el viaje hasta ahora estábamos encantados precisamente por el carácter
agradable de los laosianos, aunque tras acabar nuestra estancia en la ciudad
nos dimos cuenta que era una cosa generalizada de sus habitantes, imaginamos
que un poco cansados de tanto turismo, aunque también encontramos por supuesto
algún caso de trato excepcionalmente amable y servicial.
Tras hacer el cambio de alojamiento, salimos por los
alrededores en busca de un sitio para tomar una buena cerveza y ver dónde comer
luego. De paso aprovechamos y, aparte de ver las calles circundantes con más
calma, entramos en una librería con un amplio catálogo internacional de todo tipo, Monument Books
y donde se puede participar en talleres de enseñanza solidarios. Un par de
calles más hacia la plaza se encuentra otra librería curiosa, la State Book
Store, una librería propagandística del propio Estado y el Partido Comunista.
Al final optamos por el restaurante Sengthip Lapsumnean en
la misma calle Setthathilat Road.
El local es un inmenso patio con mesas en el que preparan y
sirven comida laosiana con unos precios asequibles (la comida de los dos y varias rondas
de cerveza nos salió por 10 euros). La verdad que la comida era exquisita, su
carta es variadísima con todo tipo de
carnes, pescados, sopas, pasta..... y el servicio muy amable por lo que
repetimos durante los días que nos quedamos en Vientiane.
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| UUmmm vamos a probar un delicioso Arroz blanco con salchichas Laosianas |
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| La forma tradicional es acompañado con un poco de salsa |
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| Parece ser que la salsa tradicional es picante |
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| Muy picante |
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| Vaya subidón |
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| Necesito ayuda ¡¡¡¡ |
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| Beer Lao, la mejor cerveza del mundo |
Tras el buen refrigerio volvimos a nuestro hotel a descansar
un par de horas ya que nuestra intención era ir a la orilla del Mekong a ver el
anochecer y visitar el mercado nocturno que instalan allí.
Después de la siesta (somos MUY FANS de las siestas, ya lo
habréis notado, jejeje) nos dirigimos hacia la ribera del Mekong. La ribera se
encuentra al borde de la calle Fa Ngum
Road, tiene un bonito paseo con un gran espacio abierto, donde instalan el
mercado nocturno y un parking gigante provisional de motos, y es la zona para salir pasear. Incluso vimos como daban clases de
baile y ejercicios aeróbicos.
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| Paseo a lo largo de la calle Fa Ngum |
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| Plaza abierta en mitad del paseo |
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Las calles que bajan hacia allí desde Setthathilat Road están llenas de
clubes, bares, pequeñas tiendas locales, y por supuesto puestos de comida
callejeros.
Una de las curiosidades que nos llamó la atención, y que
luego veríamos a lo largo del viaje, fue que la comida que tenían expuesta la
protegían de los insectos con ventiladores sin carcasa a los que habían
sustituido las aspas por unos cepillos de pelo que al girar encima de la comida
espantaban a todo bicho que se acercase por ahí.
Una vez llegados al paseo vimos que estaban empezando a
montar el mercado y aprovechamos para pasear por la ribera y sentarnos a ver un
maravilloso y bello anochecer con estampas increíbles: gente jugando al fútbol,
paseando por los arenales del rio, barcos-casas flotantes, pescadores
recogiendo sus redes al terminar la jornada…
El mercado nocturno está compuesto en su mayoría por puestos
de ropa, música, comida y souvenirs de cualquier tipo. Los puestos son modernos
y están muy bien ordenados y colocados, asemejándose más a un mercado
occidental que al típico mercado del sureste asiático con todo amontonado por
el suelo. También nos fijamos que el arte del regateo parecía estar menos
instaurado aquí, seguramente porque la mayor parte de visitantes son turistas
extranjeros no acostumbrados a ello.
Así todo, merece la pena visitarlo aunque los precios sean excesivamente caros para nosotros... por ejemplo los precios de la ropa estaban a la par de
cualquier mercado europeo e incluso en según qué artículos los precios eran
exagerados.
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| Los primeros en llegar |
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| Comida para superheroes |
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| Mercado Nocturno en pleno apogéo |
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| Mercado Nocturno |
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| Puesto de dibujos, tapices y grabados |
Tras el buen paseo que nos habíamos dado volvimos al
restaurante Sengthip y tras cenar algo nos fuimos a dormir para afrontar
nuestro último día en la capital y hacer las visitas que teníamos previstas por
la ciudad, ya que la tarde anterior habíamos visto precios de tours a los
alrededores y zonas rurales y eran muy caros, por una excursión a alguno de los
parques naturales cobraban unos 60€ por persona. Nuestro presupuesto no podría
haberlo soportado…
Tras desayunar el día siguiente, lo primero que hicimos fue
comprar nuestros billetes para Vang Vieng, nuestro próximo destino en el
Noroeste del país, por 90.000 kips (unos 10 euros), para el día siguiente.
Tras esto ya nos dirigimos andando hacia el Museo Nacional de Laos, aprovechando para ver la arquitectura de estilo colonial francés de
sus calles.
En frente del Museo Nacional se encuentra también un inmenso
edificio modernista que alberga el Lao Cultural Hall y en donde se realizan convenciones
y actos de todo tipo, pero estaba en obras.
El precio del museo son 10000 kips por persona y 20000 kips
si quieres llevar tu cámara de fotos para sacar alguna, si no tienes que dejar
tus aparatos guardados en taquilla, opción que nosotros elegimos.
El Museo Nacional de Laos es un edificio de estilo colonial
francés construido en 1925 y donde se firmó la carta de independencia del país
en 1945.
El edificio consta de dos plantas y un jardín. El Museo es una exposición permanente de la historia de Laos
desde la Prehistoria hasta la actualidad, dividido en periodos históricos y
poniendo énfasis en su herencia étnica y cultural.
Una de las partes que más nos llamó la atención fue la parte
precisamente de las etnias del país con un conjunto de trajes, herramientas y
estudios fotográficos muy interesantes.
También destacan piezas prehistóricas, con varias jarras de
la Llanura de las Jarras expuestas, con piezas de templos khemeres y
religiosas.
Pero aparte de todo esto, el Museo por lo que más se
caracteriza y llama la atención es por su clarísima propaganda comunista y
partidista. Las frases que más se repiten al pie de varias fotos y documentos se refieren a; el heroísmo del pueblo laosiano ante el colonialismo francés, la
resistencia de los héroes ante el fascismo japonés y el sacrificio del pueblo
contra el imperialismo americano.
Esto aparte se hace sin ningún miramiento como por ejemplo
recortes de prensa internacional expuestos en los que la traducción y
explicación a pie de foto no tiene nada que ver con el artículo escrito que
está expuesto. La verdad es que nos lo pasamos muy bien leyéndolo y conociendo
la visión laosiana de su propia historia.
Al mismo tiempo que nosotros estaban visitando el museo una
pareja americana de unos 60 años y era divertido oír sus expresiones de asombro
horrorizado ante esta parte del museo. Los “Oh My God!” de la mujer, resonaron
en varias salas… jajaja
Tras la curiosa, interesante y divertida visita decidimos volver hacia la
zona de la Plaza Nam Phou para ir a visitar el Wat Sisaket recorriendo
Setthathilat Road.
Pasamos el edificio de la Libreria Nacional y empezamos
avanzar por la calle, llena de edificios gubernamentales de estilo colonial
francés de los años 20 y 30, pero la verdad que con el paseo que habíamos dado,
el inmenso calor de ese día y que nunca llegábamos a alcanzar ni siquiera a ver
desde lejos el Wat, (sí, somos un poco rancios y no queríamos pagar otro tuktuk
con precios inchados) decidimos parar a tomar, como no, unas Beer Lao!
Seguramente
ya lo hemos comentado pero queremos repetir que la mejor cerveza del Sureste
Asiático que hemos probado es la Beer Lao, en nuestra humilde opinión de
cerveceros.
Al final regresamos sin visitar el Wat Sisaket para
disfrutar de otra comida en nuestro restaurante favorito.
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| Carne de Búfalo Seca, un auténtico manjar |
 |
| Vamos allá |
 |
| Picaaa....os suena la historia? |
Para despedirnos decidimos volver a contemplar otro atardecer en el paseo de la Orilla del Mekong
para retirarnos a descansar sabiendo que al día siguiente nos esperaba la vuelta a la
carretera y al mundo rural, que de momento nos atraía y absorbía más energía
que la capital del país, y que cuya visita al final había sido más que nada un
descanso de la caótica etapa anterior de nuestra aventura.
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| Cielo |
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| Rubén |
Todas
las imágenes del blog pertenecen a Ruben Pereda Elizalde. Pero si os
interesa utilizar alguna, no dudéis en poneros en contacto con
nosotros!!
Si
os ha gustado el post o si lo habéis odiado, si os habéis dado cuenta
de que no somos muy buenos fotógrafos, si queréis que nos enrollemos menos
y pongamos más fotos o al revés... cualquier cosa, podéis dejar un
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