viernes, 2 de octubre de 2015

Días 30, 31 y 32 – Vientiane



A las 7:30h ya estábamos comprando nuestros billetes de autobús hacía Vientiane, que partía a las 8:00h. No tuvimos que madrugar mucho porque si lo recordáis, dormimos en un hotelito en la estación. Nos quedamos sorprendidos cuando en taquilla nos entendieron las intenciones perfectamente y amablemente nos expidieron los billetes, con un seguro de viaje incluido en el precio (150.000 kips entre los dos, 16.50€) y sus cláusulas explicadas tanto en laosiano como en inglés. 




Parecía que la etapa anterior, desastrosa y tensa, había llegado a su fin. Aprovechamos para comprar unos bocatas de quesitos y unos plátanos para el recorrido y ya con media hora de retraso emprendimos el camino.



Nuestro autobús  parecía seminuevo y en un principio no estaba tan abarrotado como todos en los que habíamos viajado hasta ahora. Por supuesto a lo largo del trayecto se fue llenando, haciendo paradas en puestos de comida con lavabos de pago y no sin aire acondicionado, por lo que había que ir con las ventanillas abiertas respirando el aroma inconfundible de basura quemada...


Pero el viaje, aunque largo, nos pareció bastante amable considerando nuestra última experiencia autobusera.



Ya anocheciendo, a eso de las 18:00h, llegamos a la Estación Principal de Vientiane, que estaba llena de actividad con los autobuses que llegaban y salían y los conductores de tuk-tuk buscando en pleno negocio.

Al final, tras fallar en nuestros intentos de regateo con varios conductores, conseguimos que uno de ellos nos llevara a nuestro destino tras mostrárselo en un mapa bien grande de la ciudad que estaba colgado a las puertas de la estación. En realidad no conseguimos un buen precio considerando lo que teníamos que pagar, al cambio unos 6.50 euros, pero las ganas de llegar eran poderosas y ya veíamos que era imposible regatear mejor. 

Quedamos con el conductor que nos llevase a la Plaza Nam Phou, en el mismo centro de la ciudad y el punto neurálgico de alojamientos. Por el camino “tuvimos la suerte” de compartir el tuk-tuk con varias mujeres que recogió por el camino y acercó a varios puntos cercanos a la plaza. Está claro que para ser conductor de tuk-tuk hay que ser avispado, pero este fue especial porque en realidad fue el que nos impulsó a aprender a regatear bien durante el resto del viaje, sin tener en cuenta nuestra cultura de precios.



Ya una vez llegamos a la Plaza Nam Phou, nos dedicamos a buscar alojamiento por que no habíamos reservado nada, mientras recorríamos las inmediaciones, con restaurantes y cafeterías de estilo occidental.

La  tarea de encontrar alojamiento resultó más difícil de lo esperado, ya que los alojamientos con precios razonables de la ciudad se llenaron con los visitantes laosianos que vienen desde las zonas rurales (las mismas afueras de la capital), sobre todo jóvenes que vienen de fiesta (nosotros llegamos en Viernes).

Tras varios intentos en algunos hoteles con precios excesivos, uno de los recepcionistas nos indicó la zona de guesthouses más baratas y que podrían tener sitio y para allí fuimos.



Al final encontramos sitio en Saysouly Guesthouse


Después de esperar un rato al recepcionista, éste nos enseñó lo que tenía libre y aunque el aspecto era viejo y no estaba muy limpio y los mosquitos sobrevolaban la habitación,  decidimos quedarnos ahí esa noche y al día siguiente buscar un sitio mejor.

Pagamos 120.000 kips  (14€) por una habitación con wc, ducha y aire acondicionado aunque también había habitaciones por 90.000 kips con baño compartido.

Una vez instalados, salimos a cenar en uno de los restaurantes cercanos y volvimos a descansar para recuperar fuerzas después de esta etapa.



Al día siguiente nos levantamos y decidimos ir a desayunar a una de las cafeterías que habíamos visto la noche anterior para luego ir en busca de un nuevo hotel  mientras nuestras mochilas estaban en la habitación del día anterior.



Alrededor de la Plaza Nam Phou hay una gran variedad de oferta de hostelería con restaurantes franceses, italianos, americanos, cafeterías y panaderías...eso sí, los precios en comparación con los sitios locales son muy caros, pero por esta vez merecía la pena un desayuno con café, zumo y bollería al estilo europeo a pesar del precio (80.000 kips- 9€).

Tras el desayuno delicatesen ya empezamos a buscar un nuevo alojamiento en esa misma calle, una de las calles principales que convergen en la Plaza: Setthathilat Road.



Al final nos decidimos por alojarnos en Mixok Inn, donde encontramos una habitación por 150.000 kips con baño y ducha propias, aire acondicionado y desayuno incluido.

La diferencia de habitación, incluida una esmerada limpieza y mucho más comfort, era abismal, aunque en un principio nos impactó que la amabilidad de los recepcionistas brillaba a veces por su ausencia. Durante todo el viaje hasta ahora estábamos encantados precisamente por el carácter agradable de los laosianos, aunque tras acabar nuestra estancia en la ciudad nos dimos cuenta que era una cosa generalizada de sus habitantes, imaginamos que un poco cansados de tanto turismo, aunque también encontramos por supuesto algún caso de trato excepcionalmente amable y servicial.



Tras hacer el cambio de alojamiento, salimos por los alrededores en busca de un sitio para tomar una buena cerveza y ver dónde comer luego. De paso aprovechamos y, aparte de ver las calles circundantes con más calma, entramos en una librería con un amplio catálogo internacional de todo tipo, Monument Books y donde se puede participar en talleres de enseñanza solidarios. Un par de calles más hacia la plaza se encuentra otra librería curiosa, la State Book Store, una librería propagandística del propio Estado y el Partido Comunista.



Al final optamos por el restaurante Sengthip Lapsumnean en la misma calle Setthathilat Road.


El local es un inmenso patio con mesas en el que preparan y sirven comida laosiana con unos precios asequibles (la comida de los dos y varias rondas de cerveza nos salió por 10 euros). La verdad que la comida era exquisita, su carta es variadísima con  todo tipo de carnes, pescados, sopas, pasta..... y el servicio muy amable por lo que repetimos durante los días que nos quedamos en Vientiane.




UUmmm vamos a probar un delicioso Arroz blanco con salchichas Laosianas



La forma tradicional es acompañado con un poco de salsa

Parece ser que la salsa tradicional es picante

Muy picante

Vaya subidón

Necesito ayuda ¡¡¡¡

Beer Lao, la mejor cerveza del mundo


Tras el buen refrigerio volvimos a nuestro hotel a descansar un par de horas ya que nuestra intención era ir a la orilla del Mekong a ver el anochecer y visitar el mercado nocturno que instalan allí.



Después de la siesta (somos MUY FANS de las siestas, ya lo habréis notado, jejeje) nos dirigimos hacia la ribera del Mekong. La ribera se encuentra al borde de la calle  Fa Ngum Road, tiene un bonito paseo con un gran espacio abierto, donde instalan el mercado nocturno y un parking gigante provisional de motos, y es la zona para salir pasear. Incluso vimos como daban clases de baile y ejercicios aeróbicos.

Paseo a lo largo de la calle Fa Ngum

Plaza abierta en mitad del paseo



Las calles que bajan hacia allí desde Setthathilat Road están llenas de clubes, bares, pequeñas tiendas locales, y por supuesto puestos de comida callejeros.

Una de las curiosidades que nos llamó la atención, y que luego veríamos a lo largo del viaje, fue que la comida que tenían expuesta la protegían de los insectos con ventiladores sin carcasa a los que habían sustituido las aspas por unos cepillos de pelo que al girar encima de la comida espantaban a todo bicho que se acercase por ahí.



Una vez llegados al paseo vimos que estaban empezando a montar el mercado y aprovechamos para pasear por la ribera y sentarnos a ver un maravilloso y bello anochecer con estampas increíbles: gente jugando al fútbol, paseando por los arenales del rio, barcos-casas flotantes, pescadores recogiendo sus redes al terminar la jornada…

  

Empezando a instalar el Mercado

Atardecer

Niños 

Un paseo por la ribera del Mekong
 
Pescador


Reflejos

Estampa de color

Hora de recoger las redes

Un trabajo duro

Pescado fresco en el restaurante todos los días



Tras esto continuamos a lo largo del paseo, llegando a una zona de restaurantes y bares karaoke llenos de gente local, pasando opulentos y modernos edificios y mansiones, entre los que destaca el complejo de la Comisión del Rio Mekong, hasta alcanzar una zona más deprimida en donde había edificios derruidos y en construcción desde los que se accedía a barrios menos favorecidos. Aquí decidimos dar la vuelta, jejeje, y visitar un rato el mercado nocturno.



Restaurante Flotante

Karaoke Laosiano

Pequeña Mansión

Paseo

Arbol lleno de ofrendas

Casa del Partido Comunista

Casa de las Macetas




El mercado nocturno está compuesto en su mayoría por puestos de ropa, música, comida y souvenirs de cualquier tipo. Los puestos son modernos y están muy bien ordenados y colocados, asemejándose más a un mercado occidental que al típico mercado del sureste asiático con todo amontonado por el suelo. También nos fijamos que el arte del regateo parecía estar menos instaurado aquí, seguramente porque la mayor parte de visitantes son turistas extranjeros no acostumbrados a ello.


Así todo, merece la pena visitarlo aunque los precios sean excesivamente caros para nosotros... por ejemplo los precios de la ropa estaban a la par de cualquier mercado europeo e incluso en según qué artículos los precios eran exagerados.


Los primeros en llegar

Comida para superheroes

Mercado Nocturno en pleno apogéo

Mercado Nocturno

Puesto de dibujos, tapices y grabados




Tras el buen paseo que nos habíamos dado volvimos al restaurante Sengthip y tras cenar algo nos fuimos a dormir para afrontar nuestro último día en la capital y hacer las visitas que teníamos previstas por la ciudad, ya que la tarde anterior habíamos visto precios de tours a los alrededores y zonas rurales y eran muy caros, por una excursión a alguno de los parques naturales cobraban unos 60€ por persona. Nuestro presupuesto no podría haberlo soportado…



Tras desayunar el día siguiente, lo primero que hicimos fue comprar nuestros billetes para Vang Vieng, nuestro próximo destino en el Noroeste del país, por 90.000 kips (unos 10 euros), para el día siguiente.

Tras esto ya nos dirigimos andando hacia el Museo Nacional de Laos, aprovechando para ver la arquitectura de estilo colonial francés de sus calles.



En frente del Museo Nacional se encuentra también un inmenso edificio modernista que alberga el Lao Cultural Hall y en donde se realizan convenciones y actos de todo tipo, pero estaba en obras.

El precio del museo son 10000 kips por persona y 20000 kips si quieres llevar tu cámara de fotos para sacar alguna, si no tienes que dejar tus aparatos guardados en taquilla, opción que nosotros elegimos.

El Museo Nacional de Laos es un edificio de estilo colonial francés construido en 1925 y donde se firmó la carta de independencia del país en 1945.



El edificio consta de dos plantas y un jardín. El Museo es una exposición permanente de la historia de Laos desde la Prehistoria hasta la actualidad, dividido en periodos históricos y poniendo énfasis en su herencia étnica y cultural.

Una de las partes que más nos llamó la atención fue la parte precisamente de las etnias del país con un conjunto de trajes, herramientas y estudios fotográficos muy interesantes.

También destacan piezas prehistóricas, con varias jarras de la Llanura de las Jarras expuestas, con piezas de templos khemeres y religiosas.





Pero aparte de todo esto, el Museo por lo que más se caracteriza y llama la atención es por su clarísima propaganda comunista y partidista. Las frases que más se repiten al pie de varias fotos y documentos se refieren a; el heroísmo del pueblo laosiano ante el colonialismo francés, la resistencia de los héroes ante el fascismo japonés y el sacrificio del pueblo contra el imperialismo americano.

Esto aparte se hace sin ningún miramiento como por ejemplo recortes de prensa internacional expuestos en los que la traducción y explicación a pie de foto no tiene nada que ver con el artículo escrito que está expuesto. La verdad es que nos lo pasamos muy bien leyéndolo y conociendo la visión laosiana de su propia historia.





Al mismo tiempo que nosotros estaban visitando el museo una pareja americana de unos 60 años y era divertido oír sus expresiones de asombro horrorizado ante esta parte del museo. Los “Oh My God!” de la mujer, resonaron en varias salas… jajaja



Tras la curiosa, interesante y divertida visita decidimos volver hacia la zona de la Plaza Nam Phou para ir a visitar el Wat Sisaket recorriendo Setthathilat Road. 


Pasamos el edificio de la Libreria Nacional y empezamos avanzar por la calle, llena de edificios gubernamentales de estilo colonial francés de los años 20 y 30, pero la verdad que con el paseo que habíamos dado, el inmenso calor de ese día y que nunca llegábamos a alcanzar ni siquiera a ver desde lejos el Wat, (sí, somos un poco rancios y no queríamos pagar otro tuktuk con precios inchados) decidimos parar a tomar, como no, unas Beer Lao!

Seguramente ya lo hemos comentado pero queremos repetir que la mejor cerveza del Sureste Asiático que hemos probado es la Beer Lao, en nuestra humilde opinión de cerveceros.


Al final regresamos sin visitar el Wat Sisaket para disfrutar de otra comida en nuestro restaurante favorito.

Carne de Búfalo Seca, un auténtico manjar

Vamos allá

Picaaa....os suena la historia?



Para despedirnos decidimos volver a contemplar otro atardecer en el paseo de la Orilla del Mekong  para retirarnos a descansar sabiendo que al día siguiente nos esperaba la vuelta a la carretera y al mundo rural, que de momento nos atraía y absorbía más energía que la capital del país, y que cuya visita al final había sido más que nada un descanso de la  caótica etapa anterior de nuestra aventura.


Ultimo atardecer en Vientiane

Rio Mekong

Mezcla de colores

Haciendo ejercicio al atardecer


Natalia

Natalia y su firma

Cielo

Rubén

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