domingo, 7 de junio de 2015

Día 29 - De Don Det a Savannakhet

Con la pena de abandonar estas paradisíacas islas nos levantamos a las 9:30 de la mañana para preparar nuestras mochilas y salir camino a Savannakhet a las 11:00 en lo que sería una de las más raras aventuras de todo el viaje.
El día anterior compramos unos billetes de autobús en nuestra propia guesthouse por 110.000 kips(unos 12 euros) cada uno con destino Savannakhet, aunque en un primer momento nuestra intención era hacer el camino directo hasta Vientiane.

Al final nos decidimos por hacer una parada a mitad de camino, ya que el día anterior estuvimos buscando un autobús VIP con lavabo que nos llevaría hasta la capital en todas las agencias de Don Khon, pero no había ninguno y todos los autobuses eran BIG Bus, es decir un autobús normal y corriente de linea sin ningún tipo de extra como lavabo.

Compramos el billete en la Guesthouse ya que los precios no variaban mas que en unos 10 000 kips de un sitio a otro, y decidimos que ya que nos habían tratado tan bien fueran ellos quienes se llevaran la pequeña comisión.

Ejemplo de precios y rutas desde las 4000 Islas

Después de tener todo listo y tomar un buen desayuno para tener fuerzas tomamos nuestras últimas fotos y esperamos en la orilla del Mekong para subir a la barca del dueño de la guesthouse que nos llevaría hasta Nakasang donde cogeríamos nuestro autobus a las 12:00 para llegar a nuestro destino a las 18:00 horas mas o menos.

Preparados para partir

Nuestro Taxi en el parking...
Y su pepino de motor....


Por supuesto el hombre se lo tomo con calma isleña y hasta las 11:20, a pesar de estar preparados desde hace rato, no salimos para allá.


Tras parar en la siguiente casa en la ribera y comprar su botella de gasolina para su bote el hombre se dirigió hacia la otra orilla y recogió a otra pareja, tras lo que nos llevó hasta el embarcadero de Nakasang en un bonito paseo por el rio Mekong.

Último paseo por el Mekong a su paso por las 4000 Islas


Paisaje

Trabajando el arroz la forma tradicional del Mekong



Una vez desembarcados, por una difícil rampa de arena y barro tras atravesar por diversos botes, el hombre se dirigió raudo hacia la estación donde compró directamente en taquilla nuestros billetes tras quedarse su comisión(cosa que se repetiría a lo largo de los distintos cambios de transporte durante el viaje y que es la forma que funciona por todo el Sureste Asiático para poder repartirse un poco el dinero del turismo).
Una vez ahí ya esperamos a nuestro autobús mientras la estación, un parking con una taquilla, una tiendita local y unos rudimentarios asientos bajo un techado, se iba llenando de mochileros de diferentes alojamientos de las islas.


Estación de Nakasang
 
Igual hay suerte y nos toca este autobús de Superlujo

Ya un poco más tarde de lo previsto llegó el primer vehículo que debíamos coger y que nos llevaría de vuelta hasta Pakse, ruta obligatoria, para desde allí ya salir camino de Savannaket.

Tras tres horas por caminos de barro y baches llegamos a la estación de Kriang Kai al este de la ciudad, donde teníamos que cambiar de vehículo después de que nuestro primer conductor hablase y pagase, tras descontar su comisión, al segundo conductor. 
La estación es un pequeño edificio rodeado por un mercado de tenderetes y tierra y polvo rojizo tipo barro por todos lados. Curiosamente saliendo de allí, tras casi una hora de espera, nos cogió una pequeña y breve lluvia que embarraba aún mas los caminos.

La Estación...




El Heladero......

Y el autobús.
También al salir de esta estación pudimos comprobar que Pakse en realidad era más grande de lo que habíamos conocido y esta zona de la ciudad, alejada del centro mochilero, estaba en proceso de construcción de infraestructuras turísticas, además de encontrarse en ella varios complejos gubernamentales modernos como escuelas, todo salpicado por pequeños puestos de comida y productos locales y lleno de gente laosiana.
Ya entonces salimos a la Ruta 13, la autopista que recorre de norte a sur todo el país. Por supuesto no es una autopista a la europea, sino mas bien una carretera secundaria en mal estado en la que en sus lados se concentran casas y pueblos. 
A lo largo de toda la ruta lo que más se aprecia es el carácter rural del país, no recordamos ningún complejo industrial, y la pobreza que esto implica en las construcciones e infraestructuras de los pueblos. Otra característica de estos pueblos en los lindes de la carretera es que en todas partes ves niños y mayores laosianos quemando la basura en las puertas de sus casas, cantidades ingentes, y todo el camino no te abandona el olor de estos fuegos. Por supuesto esto se debe a que en realidad no hay prácticamente en todo el país ningún tipo de servicios sociales, como puede ser la sanidad o la recogida de basura.

Ciudad en ruta

Casa de veraneo a orillas del Lago

Único concesionario que encontramos en el camino,
parece que aquí se trabaja la tierra.      

Una vez ya en ruta empezamos a sospechar que el viaje iba a ser mas largo de lo que esperábamos cuando el conductor y sus ayudantes iban parando allí donde veían cualquier persona con algún fardo y le invitaban a subir al bus a pesar de estar este lleno.
Al cabo de una hora el vehículo empezó a parar cada pocos minutos y empezaron a transformar el autobús en un camión de mercancías. De repente en los lados de la carretera se concentraban grupos de personas con sacos inmensos llenos hasta los topes de azúcar, principalmente, y el conductor y sus ayudantes empezaron a llenar con ellos un lado del portaequipajes. Cuando ese lado del portaequipajes, jamás usaron el otro, se llenó empezaron a subir sacos al pasillo del autobús, llenándolo también. Y no solo eso sino que encima de los sacos colocaban también sillas de plástico para las personas que subían a la vez que sus sacos......y todo esto con la alegría y calma sana del conductor y sus ayudantes que no perdían la sonrisa.
Os podéis imaginar que de repente la aventura había pasado de épica a interminable. Cada poco tiempo una parada, sacos sillas y personas abajo, sacos sillas y personas arriba, por supuesto en cada parada puestos de comida, personas abajo a comprar, personas arriba a comer, en alguna el conductor y sus fieles ayudantes también necesitaban comer y refrigerarse además de charlar un rato con sus conocidos, en este caso medio Laos.............que quieres ir al lavabo en una parada pues te tocará pagar un pequeño canon de uso de 1000 kips(0.10 euros)...
Total que de repente llegaba la hora estimada de llegada y aún íbamos a mitad de camino, incluso la gente local se empezaba a impacientar con la llegada del atardecer-anochecer.
Nosotros todavía estábamos más nerviosos imaginando que llegaríamos de noche en mitad de una estación y que de allí tendríamos que buscar un transporte hacia nuestro hotel cuando ya no hubiese nadie por la calle.

Al fin llegamos a una pequeña estación y al parar uno de los ayudantes nos indicó amablemente que habíamos llegado a nuestro destino. Bajamos y recogimos nuestras maletas pero como ningún cartel o señal nos indicaba que estábamos en Savannaket, y ninguno de los locales hablaba inglés, tuvimos que decidirnos a preguntar a un par de extranjeros que si aquello era la estación de Savannakhet, a lo que entre dudas parecieron respondernos que no.

Con todos los nervios tuvimos que buscar a nuestro conductor y hacernos entender con él.
Cuando comprendió donde íbamos se dirigió a otro laosiano con una minivan y tras hablar con él y pagarlo, otra vez volando comisiones, nos indicó que ese sería nuestro último medio de transporte en nuestra ruta, y también el más surrealista.

Nos montamos en la minivan, tras una larga espera mientras el dueño negociaba con mas clientes, con el conductor-dueño, su amigo copiloto y tres locales mas, cada vez mas nerviosos por la hora tardía ya que era bastante tarde(22:00). El hombre parece estar bastante seguro de a donde nos tiene que llevar tras ver nuestra guía-mapa-indicaciones, aunque nosotros no mucho.
De repente cogemos una carretera, por supuesto infernal, y ya vemos un cartel que nos indica Savannaket a unos 40 km. El conductor por supuesto se lo toma con calma asiática y mientras conversa con su amigo y escuchamos música local va avanzando la noche. 
Al fin empezamos a ver una mayor concentración de luces y parece que vamos llegando a un núcleo urbano. A medida que nos acercamos el hombre empieza a parar y dejar a sus pasajeros, hasta que solo quedamos nosotros, un pasajero y su amigo el copiloto. A nuestra izquierda pasamos lo que parece la desviación hacia el centro y empezamos a llamar su atención ya que creemos que a nuestro hotel se llega por allí, ya son las 23:00 y no hay nadie por la calle. El hombre no nos hace caso y sigue para adelante, nuestro consuelo es que nos lleve a una estación de autobuses que este por allí...ya que esa avenida por lo menos vemos que está llena de guesthouses y algún hotel que todavía parece abierto, ya que empezamos a pensar que jamás llegaremos al nuestro y a esas horas muchos cierran las recepciones.
Seguimos por la avenida, deja al último pasajero y da la vuelta. Entre nervios y alivio ya pensamos que nos lleva a nuestro hotel, pero de repente se mete por unas calles extrañas y deja a su amigo a la puerta de casa. Empezamos a preocuparnos. Es todo muy raro, la noche muy cerrada y no hay un alma por la calle. Volvemos a la avenida pero, de repente, al llegar al cruce que baja al centro de la ciudad el conductor vuelve a coger carretera por la avenida y se aleja a toda pastilla mientras ya le decimos enfadados y preocupados a donde vamos y que si nos está entendiendo.

El hombre pasa de nosotros, continua, y de repente cuando no hay una sola cosa, ni una luz, ni nada, para en mitad de la carretera y nos indica que bajemos. Nosotros empezamos a alucinar y por supuesto no nos movemos del vehículo, el hombre intenta bajar nuestras mochilas del maletero mientras Natalia las mete para adentro desde nuestro asiento y le indica por gestos la estación de autobuses de la ciudad y nuestro hotel, intentando que nos entienda para que nos deje en uno de los sitios, por supuesto mientras escrutamos nerviosos los alrededores en busca de secuestradores.

El hombre ya se enfada, cierra el maletero, se pone al volante, y esta vez si, a toda pastilla, se empieza a meter por callejuelas oscuras mientras refunfuña entre dientes todo enfadado. Nosotros ya estamos muy nerviosos pensando que todo va a acabar mal cuando de repente llega a una estación de autobús perdida en mitad de ninguna parte. Para enfrente de las taquillas y nos deja allí todo enfadado ante nuestra perplejidad. Vemos que es la estación de la que tenemos que partir al día siguiente para Vientiane e incluso ya nos planteamos quedarnos allí toda la noche de guardia.

La estación está cerrada y solo hay unos pequeños tenderetes de comida que ya están cerrando.

De repente, y ante nuestra desesperación, vemos que la suerte nos sonríe. Justo enfrente de las taquillas hay un hotel. Rápidamente nos dirigimos allí y tras hablar con el hombre de recepción y enseñarnos este una habitación(50.000 kips-5.50 euros) decidimos quedarnos allí a pasar la noche, ya que al día siguiente la hora de la salida eras las 9:00 y ya eran las 00:00 además de que tampoco sabíamos si íbamos a encontrar el hotel reservado y si estaría abierto.

Compramos unas patatas, un poco de pan de sandwich y queso y en unos banquitos fuera de la habitación cenamos.

Tras un cigarro ya nos metimos a dormir y conseguimos descansar de tanta tensión, a pesar de que la habitación era oscura, vieja y sucia y en realidad la peor de todo el viaje.

Pero al fin se había acabado esta etapa surrealista y demencial.



Todas las imágenes del blog pertenecen a Ruben Pereda Elizalde. Pero si os interesa utilizar alguna, no dudéis en poneros en contacto con nosotros!!

Si os ha gustado el post o si lo habéis odiado, si os habéis dado cuenta de que no somos muy buenos fotógrafos, si queréis que nos enrollemos menos y pongamos más fotos o al revés... cualquier cosa, podéis dejar un comentario aquí debajo!! Nos gustará leer vuestras opiniones!

No hay comentarios:

Publicar un comentario