Después
de dormir como hacía tiempo que no dormíamos, en una cama blandita y cómoda y
sin pasar calor, nos levantamos a desayunar en el restaurante de nuestro
alojamiento. Tras un potente y delicioso Lao Coffee (Café con leche
condensada) nos dirigimos a una tienda que estaba al ladito de la guesthouse y
justo donde empieza el puente que une las islas, para alquilar un par de
bicicletas que nos facilitarían la visita a la isla de Don Khon.
El puente que une las islas, desde nuestra guesthouse
Por 1€
tendríamos las bicicletas durante todo el día. Esta vez las probamos un buen
rato para asegurarnos que no nos volvía a tocar una bicicleta “tarada” como en
Champasak…Cuando comprobamos que todo
iba bien, cruzamos el puente y pagamos religiosamente los 25.000 Kips que
cobran para poder entrar a Don Khony que te proporcionan una entrada válida
durante todo el día.
Cruzando el puente
Nuestra
intención era dirigirnos a las famosas cascadas de la isla cuya entrada venía
incluída en el ticket que nos habían dado. Pasamos por delante de la escuela de
la isla, donde se encontraban todos los niños y niñas uniformados que habíamos
visto pasar por la mañana delante de nuestra guesthouse y que venían andando,
en bici o en moto desde el otro lado de la otra isla y a quien vimos cada día
que estuvimos allí dirigirse a la escuela con unas sonrisas gigantes.
Al lado
de la escuela, se encontraba el hospital/farmacia de la zona, que era un
edificio medio en ruinas al cual por suerte no necesitamos acudir… Sí que lo
necesitó una chica española que nos encontramos, quien vino preguntándonos
siconocíamos la existencia de alguna/otra
farmacia en la isla pues “mi colega la pobre tiene pedos por todo el cuerpo y
piensa que se muere… He entrado allí porque me dijeron que había una farmacia
en esta isla, pero ahí dentro solo hay dos moribundos en dos camillas metálicas
y me ha sabido mal despertarles a los pobres, que se están muriendo, para preguntar
dónde está el médico”.
El hospital de la isla
Sintiéndolo mucho
por su amiga que sufría de gases por todo el cuerpo, y por los dos moribundos, le dijimos que pensábamos que
solamente había esa farmacia, pero que se tomara un poco de zumo de limón que
le podía ir bien y le dimos una pastilla antiácidos, que aunque no fuera a
servir de nada, era todo lo que teníamos…
Después
de este paréntesis médico, seguimos con las bicis y vimos un cartel con una
flecha y el nombre de unas cascadas, así que para allá que fuimos! Pedaleamos
entre campos y búfalos de agua durante un buen rato, buscando de vez en cuando
la sombra de los pocos árboles que la ofrecían. No vimos ningún otro cartel y
nos encontramos con un cruce en el cual no sabíamos por dónde tirar, pero de
repente escuchamos a lo lejos el ruido de agua que corría y decidimos guiarnos
por nuestro oído e ir un poco a ciegas… y encontramos un sitio que nos pareció
maravilloso.
Buscando las cascadas
Búfalos de agua (y barro) en el camino
Arrimandonos a las sombras
De
repente aparecieron ante nosotros un par de puentes colgantes, de bambú y de
madera, que no podíamos cruzar con las bicis, así que las dejamos aparcadas en
una esquina del camino con la esperanza de que si por casualidad venia alguien
tendría piedad y no nos las robaría… Y cruzamos el puente más pequeñito, y
detrás de este encontramos otro, y otro, y otro… y todo un recorrido precioso
de pequeñospuentes que eran para
nosotros solos. Nos dimos una vuelta y nos sentamos un rato a la orilla de uno
de los pequeños saltos de agua para disfrutar del momento, de la situación y
del sitio donde nos encontrábamos.
De puente...
... a puente
Colgando
Este no parecía tan seguro...
Bamboo Bridge
Refrescándonos en nuestro rinconcito
Probando el agua del Mekong
Pescador en acción
Después
de jugar un poco con el agua, volvimos atrás y comprobamos que las bicis
seguían allí. Las agarramos y llevándolas un buen rato sin poder montarlas por
culpa de escalones y raíces de árboles muy locas, cruzamos el puente más grande
y llegamos a una pequeña playa donde había un par de palapas que invitaban
también al relax. Y es que en estas islas todo nos parecía relax! Hasta que
llegó un grupo de unas 30 personas con un guía y chalecos salvavidas puestos
que parecían ir a hacer rafting o algo por el estilo… Entonces nos fuimos de
regreso al camino principal y en búsqueda de las súper cascadas de las islas,
porque aunque este pequeño sitio nos pareció mágico, estaba claro que no eran
las cascadas de Somphamit.Habíamos
estado sin quererlo en las cascadas de Khonpasoi y nos había encantado!
Después de la "exploración" encontramos el cartel
Aquí estaban sanas y salvas nuestras bicis cuando regresamos
La "playa" que encontramos detrás de las cascadas
Descansando en la palapa
Una vez
nos encontramos de nuevo en el cruce donde habíamos visto el cartel hacia las
cascadas, decidimos abrir la guía que llevábamos y entendimos que las cascadas
principales de la isla estaban en dirección opuesta a donde nos habíamos
dirigido… Así que para allá nos fuimos. Cruzando un templo budista y una
pequeña zona de casas, metiéndonos por un caminito estrecho y esquivando los
matorrales que nos golpeaban en la cara y las piernas, llegamos a la entrada de
las Somphamit Waterfalls.
Camino a Somphamit
Pasando por el templo
Había
un parking improvisado de bicicletas muy grande y aparcamos las nuestras en el
pelotón, esperando recordar cuales eran para poder recogerlas y devolverlas a
sus dueños sin problemas.
Nos
pidieron la entrada y pasamos a una zona desde donde se podían escuchar los
saltos de agua, pero no verlos… Era una explanada con varios caminos rodeados
de grandes bambús y por la que paseaban otros visitantes, todos en silencio impregnándose
del momento. Y de repente, nos encontramos a Jonas, que volvía de las cascadas
y nos avisó de que nos encantaría el sitio. Le dijimos como llegar a las otras
que habíamos encontrado y nos despedimos con la esperanza de volver a vernos
antes de partir. Él se iba a Camboya y nosotros nos dirigiríamos hacia el norte
de Laos. No le vimos más, pero esperamos que el viaje le fuera bien y
disfrutara de ese país donde ya había estado viviendo y trabajando de
voluntario en una escuela anteriormente.
Entrando a Somphamit
A la orilla de las cascadas
Entre Bambúes
Y
entonces vimos los saltos de agua… Tan grandes y espectaculares que no podemos
describirlos y optamos por dejaros un vídeo para que los veáis con vuestros
propios ojos.
Siguiendo
los carteles que se encontraban por el camino y que indicaban Playa y Wifi
Gratis llegamos a otro sitio que nos pareció perfecto.
Para no perderse....
Era un
bar cuyas mesas estaban repartidas por cabañas que colgaban encima de las
cascadas, y que ofrecía unas vistas y un feeling que nos encantó. De hecho, nos
gustó tanto que en ese mismo momento decidimos quedarnos un día más en la isla
(la idea principal era irnos al día siguiente) para pasarnos el día allí y
aprovechar el wifi y actualizar el blog que hacía tiempo que no tocábamos…
jejej Cualquier excusa hubiera sido buena para pasar allí más tiempo, la
verdad!!
Como para no querer volver...
Relaxing cup of cafe con lec.... Beer
Nos
tomamos un par de granizados mientras observábamos las montañas de Camboya a lo
lejos y regresamos antes de que se hiciera oscuro porque, una vez más, nos
habíamos dejado las linternas en nuestro bungalow y la vuelta hubiera sido un
poco complicada con las bicis.
Las
bicis seguían en la entrada y no nos costó identificarlas, puesto que solo
quedaban 4 o 5 en comparación con la cincuentena que había cuando llegamos.
Disfrutando de las vistas
De
camino a casa fuimos por otro camino y nos encontramos delante de una
locomotora antigua que estaba expuesta a modo museo, así que nos paramos a ver
de qué iba la historia.
Resulta
que en el s.XIX la carrera por conquistar el río Mekong y descubrir una ruta
fluvial que conectara con China, llegó a tal punto de locura que un francés al
encontrarse con las Cascadas de Somphamit y ver que eran casi intransitables, decidió
hacerse unos barcos desmontables que le permitieran sortear los saltos de agua
y a la vez llevar el material necesario para construirse una línea férrea alternativa
a los tramos en que era imposible remontar el río, para poder llevar las piezas
desmontables de sus barcos! Total, que la locomotora era parte de esa
expedición ya que al final logró construir esa línea férrea que tanto necesitaba.
Locomotora en exposición
Fotos antiguas de los barcos desmontables
La expedición del Mekong
Después
de alucinar un poco con la historia de los barcos desmontables, nos fuimos
hacia nuestra isla a devolver las bicicletas, a dar una vuelta por el camino
que rodea la isla y a descansar, no sin antes probar el pescado del Mekong que
preparó la dueña de la guesthouse y que estaba riquísimo.
Al día
siguiente repetimos la operación de alquiler de bicicletas, cruzar el puente y
pagar la entrada. Esta vez no nos equivocamos y fuimos directos a las cascadas
de Somphamit, donde nos encontramos que al parecer todo el mundo había tenido
la misma idea y casi no había sitio en el bar… Pasamos el día allí, sufriendo
por el WiFi que el día anterior había ido tan bien y que nos tenía que
facilitar la actualización del blog, pero que hoy iba muy lento debido a la cantidad
de gente que había en la zona utilizándolo.
Cuando
por fin uno de los bungalows que estaba más cerca del router quedó libre, nos
dirigimos a él… Y también lo hizo Mr. Dolphin (así lo llamaban la gente de por
ahí, suponemos porque organizaba las excursiones por el río que te llevan a
avistar los delfines de río típicos de la zona). Todo iba bien, el wifi
funcionaba, acabábamos de comer, Mr. Dolphin estaba cayendo dormido en un
rincón de la palapa después de haberse pasado una hora al teléfono… Hasta que se quitó los zapatos. Hay que
recalcar que estábamos como a 30ºC, hacía un calor de la hostia y Mr. Dolphin
se movía por la zona con camisa, pantalones de traje y mocasines…. Así que
cuando se quitó los zapatos, calcetines incluidos… creímos morir. Literalmente.
Y eso que estábamos al aire libre!
Aguantamos
unos 15 minutos a su lado, hasta que decidimos huir y dirigirnos a la zona de
playa que había bajando un poco el caminito del bar, para ver la puesta de sol.
La
verdad es que la puesta de sol fue espectacular y las fotos que hicimos no le
hacen justicia. Fue una pasada ver como se ponía el sol tras las montañas de
Camboya y se creaban siluetas y sombras detrás de las mismas.
Sombras en la zona de playa
El sol se pone detrás de las montañas de Camboya
Siluetas
Panorámica de la puesta de sol en las cascadas
Cruzando el puente de vuelta a Don Det, nos encotramos con esto...
Con las
linternas preparadas, regresamos a nuestra guesthouse dispuestos a cenar y
tomarnos nuestra última Lao Beer en Don Det, ya que al día siguiente nos íbamos
a dirigir a Savanaket (parada técnica en el camino dirección Vientiane para que
no se nos hiciera tan largo el viaje).
Pero la
historia de la excursión a Savannaket es otro tema… para el siguiente post!
Todas
las imágenes del blog pertenecen a Ruben Pereda Elizalde. Pero si os
interesa utilizar alguna, no dudéis en poneros en contacto con
nosotros!!
Si os ha gustado el post o si lo habéis odiado, si os habéis dado cuenta de que no somos muy buenos fotógrafos, si queréis que nos enrollemos menos y pongamos más fotos o al revés... cualquier cosa, podéis dejar un comentario aquí debajo!! Nos gustará leer vuestras opiniones!
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