lunes, 20 de abril de 2015

Días 27 y 28 – Don Det y Don Khon



Después de dormir como hacía tiempo que no dormíamos, en una cama blandita y cómoda y sin pasar calor, nos levantamos a desayunar en el restaurante de nuestro alojamiento. Tras un potente y delicioso Lao Coffee (Café con leche condensada) nos dirigimos a una tienda que estaba al ladito de la guesthouse y justo donde empieza el puente que une las islas, para alquilar un par de bicicletas que nos facilitarían la visita a la isla de Don Khon


El puente que une las islas, desde nuestra guesthouse

Por 1€ tendríamos las bicicletas durante todo el día. Esta vez las probamos un buen rato para asegurarnos que no nos volvía a tocar una bicicleta “tarada” como en Champasak  Cuando comprobamos que todo iba bien, cruzamos el puente y pagamos religiosamente los 25.000 Kips que cobran para poder entrar a Don Khon y que te proporcionan una entrada válida durante todo el día. 

Cruzando el puente

Nuestra intención era dirigirnos a las famosas cascadas de la isla cuya entrada venía incluída en el ticket que nos habían dado. Pasamos por delante de la escuela de la isla, donde se encontraban todos los niños y niñas uniformados que habíamos visto pasar por la mañana delante de nuestra guesthouse y que venían andando, en bici o en moto desde el otro lado de la otra isla y a quien vimos cada día que estuvimos allí dirigirse a la escuela con unas sonrisas gigantes.


Al lado de la escuela, se encontraba el hospital/farmacia de la zona, que era un edificio medio en ruinas al cual por suerte no necesitamos acudir… Sí que lo necesitó una chica española que nos encontramos, quien vino preguntándonos si  conocíamos la existencia de alguna/otra farmacia en la isla pues “mi colega la pobre tiene pedos por todo el cuerpo y piensa que se muere… He entrado allí porque me dijeron que había una farmacia en esta isla, pero ahí dentro solo hay dos moribundos en dos camillas metálicas y me ha sabido mal despertarles a los pobres, que se están muriendo, para preguntar dónde está el médico”. 

El hospital de la isla

Sintiéndolo mucho por su amiga que sufría de gases por todo el cuerpo, y por los dos moribundos, le dijimos que pensábamos que solamente había esa farmacia, pero que se tomara un poco de zumo de limón que le podía ir bien y le dimos una pastilla antiácidos, que aunque no fuera a servir de nada, era todo lo que teníamos…


Después de este paréntesis médico, seguimos con las bicis y vimos un cartel con una flecha y el nombre de unas cascadas, así que para allá que fuimos! Pedaleamos entre campos y búfalos de agua durante un buen rato, buscando de vez en cuando la sombra de los pocos árboles que la ofrecían. No vimos ningún otro cartel y nos encontramos con un cruce en el cual no sabíamos por dónde tirar, pero de repente escuchamos a lo lejos el ruido de agua que corría y decidimos guiarnos por nuestro oído e ir un poco a ciegas… y encontramos un sitio que nos pareció maravilloso

Buscando las cascadas

Búfalos de agua (y barro) en el camino


Arrimandonos a las sombras
De repente aparecieron ante nosotros un par de puentes colgantes, de bambú y de madera, que no podíamos cruzar con las bicis, así que las dejamos aparcadas en una esquina del camino con la esperanza de que si por casualidad venia alguien tendría piedad y no nos las robaría… Y cruzamos el puente más pequeñito, y detrás de este encontramos otro, y otro, y otro… y todo un recorrido precioso de pequeños  puentes que eran para nosotros solos. Nos dimos una vuelta y nos sentamos un rato a la orilla de uno de los pequeños saltos de agua para disfrutar del momento, de la situación y del sitio donde nos encontrábamos. 

De puente...

... a puente

Colgando

Este no parecía tan seguro...
Bamboo Bridge

Refrescándonos en nuestro rinconcito

Probando el agua del Mekong
 
Pescador en acción






Después de jugar un poco con el agua, volvimos atrás y comprobamos que las bicis seguían allí. Las agarramos y llevándolas un buen rato sin poder montarlas por culpa de escalones y raíces de árboles muy locas, cruzamos el puente más grande y llegamos a una pequeña playa donde había un par de palapas que invitaban también al relax. Y es que en estas islas todo nos parecía relax! Hasta que llegó un grupo de unas 30 personas con un guía y chalecos salvavidas puestos que parecían ir a hacer rafting o algo por el estilo… Entonces nos fuimos de regreso al camino principal y en búsqueda de las súper cascadas de las islas, porque aunque este pequeño sitio nos pareció mágico, estaba claro que no eran las cascadas de Somphamit.  Habíamos estado sin quererlo en las cascadas de Khonpasoi y nos había encantado!


Después de la "exploración" encontramos el cartel

Aquí estaban sanas y salvas nuestras bicis cuando regresamos


La "playa" que encontramos detrás de las cascadas

Descansando en la palapa


Una vez nos encontramos de nuevo en el cruce donde habíamos visto el cartel hacia las cascadas, decidimos abrir la guía que llevábamos y entendimos que las cascadas principales de la isla estaban en dirección opuesta a donde nos habíamos dirigido… Así que para allá nos fuimos. Cruzando un templo budista y una pequeña zona de casas, metiéndonos por un caminito estrecho y esquivando los matorrales que nos golpeaban en la cara y las piernas, llegamos a la entrada de las Somphamit Waterfalls. 

Camino a Somphamit

Pasando por el templo


Había un parking improvisado de bicicletas muy grande y aparcamos las nuestras en el pelotón, esperando recordar cuales eran para poder recogerlas y devolverlas a sus dueños sin problemas.


Nos pidieron la entrada y pasamos a una zona desde donde se podían escuchar los saltos de agua, pero no verlos… Era una explanada con varios caminos rodeados de grandes bambús y por la que paseaban otros visitantes, todos en silencio impregnándose del momento. Y de repente, nos encontramos a Jonas, que volvía de las cascadas y nos avisó de que nos encantaría el sitio. Le dijimos como llegar a las otras que habíamos encontrado y nos despedimos con la esperanza de volver a vernos antes de partir. Él se iba a Camboya y nosotros nos dirigiríamos hacia el norte de Laos. No le vimos más, pero esperamos que el viaje le fuera bien y disfrutara de ese país donde ya había estado viviendo y trabajando de voluntario en una escuela anteriormente. 

Entrando a Somphamit


A la orilla de las cascadas

Entre Bambúes


Y entonces vimos los saltos de agua… Tan grandes y espectaculares que no podemos describirlos y optamos por dejaros un vídeo para que los veáis con vuestros propios ojos.

Siguiendo los carteles que se encontraban por el camino y que indicaban Playa y Wifi Gratis llegamos a otro sitio que nos pareció perfecto.



Para no perderse....


Era un bar cuyas mesas estaban repartidas por cabañas que colgaban encima de las cascadas, y que ofrecía unas vistas y un feeling que nos encantó. De hecho, nos gustó tanto que en ese mismo momento decidimos quedarnos un día más en la isla (la idea principal era irnos al día siguiente) para pasarnos el día allí y aprovechar el wifi y actualizar el blog que hacía tiempo que no tocábamos… jejej Cualquier excusa hubiera sido buena para pasar allí más tiempo, la verdad!!


Como para no querer volver...

Relaxing cup of cafe con lec.... Beer


Nos tomamos un par de granizados mientras observábamos las montañas de Camboya a lo lejos y regresamos antes de que se hiciera oscuro porque, una vez más, nos habíamos dejado las linternas en nuestro bungalow y la vuelta hubiera sido un poco complicada con las bicis.

Las bicis seguían en la entrada y no nos costó identificarlas, puesto que solo quedaban 4 o 5 en comparación con la cincuentena que había cuando llegamos.


Disfrutando de las vistas

De camino a casa fuimos por otro camino y nos encontramos delante de una locomotora antigua que estaba expuesta a modo museo, así que nos paramos a ver de qué iba la historia.


Resulta que en el s.XIX la carrera por conquistar el río Mekong y descubrir una ruta fluvial que conectara con China, llegó a tal punto de locura que un francés al encontrarse con las Cascadas de Somphamit y ver que eran casi intransitables, decidió hacerse unos barcos desmontables que le permitieran sortear los saltos de agua y a la vez llevar el material necesario para construirse una línea férrea alternativa a los tramos en que era imposible remontar el río, para poder llevar las piezas desmontables de sus barcos! Total, que la locomotora era parte de esa expedición ya que al final logró construir esa  línea férrea que tanto necesitaba.


Locomotora en exposición

Fotos antiguas de los barcos desmontables

La expedición del Mekong


Después de alucinar un poco con la historia de los barcos desmontables, nos fuimos hacia nuestra isla a devolver las bicicletas, a dar una vuelta por el camino que rodea la isla y a descansar, no sin antes probar el pescado del Mekong que preparó la dueña de la guesthouse y que estaba riquísimo.


Al día siguiente repetimos la operación de alquiler de bicicletas, cruzar el puente y pagar la entrada. Esta vez no nos equivocamos y fuimos directos a las cascadas de Somphamit, donde nos encontramos que al parecer todo el mundo había tenido la misma idea y casi no había sitio en el bar… Pasamos el día allí, sufriendo por el WiFi que el día anterior había ido tan bien y que nos tenía que facilitar la actualización del blog, pero que hoy iba muy lento debido a la cantidad de gente que había en la zona utilizándolo.


Cuando por fin uno de los bungalows que estaba más cerca del router quedó libre, nos dirigimos a él… Y también lo hizo Mr. Dolphin (así lo llamaban la gente de por ahí, suponemos porque organizaba las excursiones por el río que te llevan a avistar los delfines de río típicos de la zona). Todo iba bien, el wifi funcionaba, acabábamos de comer, Mr. Dolphin estaba cayendo dormido en un rincón de la palapa después de haberse pasado una hora al teléfono…  Hasta que se quitó los zapatos. Hay que recalcar que estábamos como a 30ºC, hacía un calor de la hostia y Mr. Dolphin se movía por la zona con camisa, pantalones de traje y mocasines…. Así que cuando se quitó los zapatos, calcetines incluidos… creímos morir. Literalmente. Y eso que estábamos al aire libre!


Aguantamos unos 15 minutos a su lado, hasta que decidimos huir y dirigirnos a la zona de playa que había bajando un poco el caminito del bar, para ver la puesta de sol.  


La verdad es que la puesta de sol fue espectacular y las fotos que hicimos no le hacen justicia. Fue una pasada ver como se ponía el sol tras las montañas de Camboya y se creaban siluetas y sombras detrás de las mismas.



Sombras en la zona de playa

El sol se pone detrás de las montañas de Camboya

Siluetas

Panorámica de la puesta de sol en las cascadas


Cruzando el puente de vuelta a Don Det, nos encotramos con esto...



Con las linternas preparadas, regresamos a nuestra guesthouse dispuestos a cenar y tomarnos nuestra última Lao Beer en Don Det, ya que al día siguiente nos íbamos a dirigir a Savanaket (parada técnica en el camino dirección Vientiane para que no se nos hiciera tan largo el viaje).


Pero la historia de la excursión a Savannaket es otro tema… para el siguiente post!

Todas las imágenes del blog pertenecen a Ruben Pereda Elizalde. Pero si os interesa utilizar alguna, no dudéis en poneros en contacto con nosotros!!

Si os ha gustado el post o si lo habéis odiado, si os habéis dado cuenta de que no somos muy buenos fotógrafos, si queréis que nos enrollemos menos y pongamos más fotos o al revés... cualquier cosa, podéis dejar un comentario aquí debajo!! Nos gustará leer vuestras opiniones!

No hay comentarios:

Publicar un comentario