martes, 17 de marzo de 2015

Día 26 - Llegamos a Don Det



Otro día en movimiento. 

Esta vez nos levantamos para desayunar y dirigirnos, junto a Jonas y las tres chicas catalanas, hacia Nakasang, desde donde deberemos navegar un poco el Mekong para llegar a nuestro siguiente destino en las 4000 Islas del Mekong: Don Det.

El Laughing Man, el dueño del guesthouse que no para de reírse, ofrece el mejor precio para llegar hasta nuestro destino, así que todos le compramos el billete. Él no para de decir que su hijo nos cruzará el ríó hasta el otro lado para montarnos en una minivan que nos llevará a Nakasang, y que a su vez está conducida por un sobrino suyo…

Billete que nos vendió el Señor Risotas


Está claro que cuando nos lleva a la orilla del Mekong para tomar la barca de “su hijo”, no es ni su hijo ni nada… jajaja Es un barquero al cual paga, medio destrangis, pensando que no le vemos… Se despide de todos nosotros saludando y riendo… Riéndose de nosotros, suponemos, porque de minivan nada! Llegamos unos cuantos al otro lado del río, y después de que por decisión propia todo el grupo (seríamos 10 o 12) esperaramos durante unos tres cuartos de hora en la misma esquina donde nos dejaron al llegar, apareció un autobús de los grandes que a primera vista ya se veía que iba llenito llenito…

Algunos pasajeros de ese autobús, se apearon dirección a Champasak (suponemos que el Sr. Risotas les estaría esperando en el mismo sitio donde nos recogió a nosotros) y nosotros subimos bien rápidos a ver si enganchábamos un sitio… Rubén enganchó uno detrás del bus, y cuando Natàlia se fue a sentar a su lado, un señor le dijo muy bordemente que no, que estaba ocupado. Okay, no problem. 

Después de un momento de pánico porque parecía que todos los asientos libres no estaban libres, si no ocupados por personas invisibles, encontré un sitio en la mitad delantera del autobús, al lado de un chaval joven, americano o australiano creo, que casi me mata con la mirada cuando me siento a su lado. Ni hola ni nada. Una mirada de no molestes y basta. Okay, no problem. El bus arrancó cuando los que se habían quedado sin sitio se instalaron en el pasillo en cómodas sillas de plástico. 

Al final, el Karma le llegó al chico que estaba sentado a mi lado por haber sido desagradable, y durante todo el trayecto que quedaba, unas dos horas, le estuvo cayendo encima agua del aire acondicionado. Mucha. Al principio intenté ayudarle tapando el techo con la cortina, pero como no dijo ni gracias ni nada, al final sudé de ir tapando el techo cada vez que se movia la cortina por los baches, y me reí mucho cuando él maldecía el sitio que le había tocado (y la compañía, supongo).

Llegamos a la estación de Nakasang  y como habíamos leído que en la isla no había cajero, fuimos corriendo al primero que vimos… y suerte, porque después se formó una cola que no veas.
Caminamos, derritiéndonos del calor, los 300 metros que hay entre la estación de autobús y el embarcadero, donde compramos los billetes para tomar la barca que nos llevaría a Don Det

Billete Trayecto de Barco de Nakasang a Don Det



La isla de Don Det está situada en el área que se conoce como SiPhanDon o las 4000 Islas del Mekong. Muy cerca de la frontera camboyana, la zona de las 4000 Islas cubre un tramo de unos 14 km de recorrido del río Mekong que se pierde y se retuerce entre tierra y vegetación, creando a la vez estas conocidas islas. 

El Mekong juega un papel vital en la vida de los habitantes de las islas, con un 95% de familias que dependen de la pesca en el río para sobrevivir –según nuestra guía de viajes The Rough Guide to Laos.
En las 4000 Islas del Mekong encontramos las cascadas más grandes de todo el Sureste Asiático: Khon Phapheng.

Mapa de Siphandon o las 4000 Islas
Después de unos 20 minutos o así, navegando por el Mekong entre islas y vegetaciones varias, la barca paró en Don Det, pero en la parte norte, y aunque nos costó hacerle entender al capitán que nosotros habíamos pagado para que nos dejara al sur de la isla, al final lo conseguimos. Aunque nos dejó a medio camino del sur, en mitad de la nada, en medio del fango. Jejejeje 

 
Llegando a Don Det


Jonas se quedó en la embarcación porque él se dirigía a Don Khon, la isla vecina que está conectada con Don Det a través de un puente. Nosotros nos bajamos junto a las tres chicas de St. Boi y fuimos paseando por el caminito que rodea la isla, en dirección al sur buscando algún alojamiento económico. Después de preguntar en un par de sitios, que nos subían el precio porque les daba la gana, Rubén y yo acabamos en Tawan Daeng Guesthouse and Restaurant. Al final, después de comparar con un sitio más, las chicas también se quedaron en el Tawandaeng y pasamos a ser vecinos. 

Nuestro alojamiento
 
Nuestro alojamiento para las siguientes 3 noches pasó a ser un sencillo bungalow a orillas del Mekong. Por 40.000Kip por noche (unos 4,5 €), teníamos la cama más cómoda y blandita en la que dormiríamos en Laos, un ventilador que tiraba perfectamente, una mosquitera gigante que nos protegió de los mosquitos de la zona y de los temidos Dengue y Malaria, un baño con una ducha de agua fría y una terraza con dos hamacas para hacer el vago. Perfecto!!
Tawan Daeng Guesthouse estaba además, situada genial para nuestro gusto, a menos de 5 minutos caminando del puente que conecta Don Det con Don Khon. 

Zzzzzz


La terracita de nuestra cabaña

Cuando cruzas este puente, en el lado de Don Khon hay casi siempre un señor esperando a pararte para que le pagues 25.000Kips como "entrada  a la isla", pero en el fondo esta entrada es para poder entrar a las Cascadas de Somphamit, aunque se la endiñan a todo aquel a quien se le ocurre cruzar el puente. La entrada es válida para un día

Por la tarde nos fuimos de paseo por el camino que rodea la isla dirección al norte, donde en teoría hay una “marcha salvaje” y por eso no quisimos quedarnos a dormir allí… Caminamos un buen rato por el camino, por el cual hay algunas casas y guesthouses esparcidas, encontrándonos gallinas, perros, cerdos y búfalos de agua conviviendo pacíficamente y en semi libertad. Al cabo de tres cuartos de hora o así  llegamos a una zona que ya parecía la calle de un pueblo, pues estaba plagada de bares, restaurantes, hostales y cabañas que ofrecían alojamiento. No vimos ni sentimos que realmente hubiera esa “marcha salvaje” de la que todo el mundo hablaba, pero bueno… 

El camino que rodea la isla tiene muchos habitantes


Búfalos de Agua
 
Búfalos de Agua



Vamos pa'l norte!

 
Tramando travesuras...
Entramos en un bar que tenía una terraza colgante encima del Mekong y nos tomamos una cervecita mientras observamos la pelea que tuvo el dueño del bar con una pareja que decía que no les había gustado la comida que había hecho. El dueño del bar, un australiano que vivía allí con su mujer laosiana y el hijo que tenían en común, acabó mandando a tomar por saco a la pareja, cobrándoles lo que debían (que sería en total unos 5 o 6€) y diciéndoles que no les iba a hacer un descuento en la comida porque estaba buena, que si no les gustaba la comida laosiana era su problema. Y la verdad, que por la actitud que habían tenido los jóvenes que se quejaban, casi aplaudimos al dueño! Supongo que esta es la diferencia entre tener tu propio negocio y trabajar para alguien, el poder permitirte decirle a algunos lo que realmente piensas… ayyy como me hubiera gustado a mí poder hacer eso en más de una ocasión…  

Después de charlar un rato con nuestro nuevo héroe en atención al cliente, caímos en la cuenta de que se estaba haciendo de noche y el camino a casa no estaba iluminado…
Empezamos el regreso con poquita luz, pero a los diez minutos ya estábamos completamente a oscuras, no habíamos pensado en traer las linternas con nosotros, y la batería del móvil estaba ya casi muerta…
Cada vez que caminábamos cerca de una casa que tenía un poco de luz que nos permitía ver el camino y evitar los socavones, raíces y troncos a modo de puente, apagábamos la linterna del móvil, esperando que la batería aguantara. 

A mitad de camino, nos encontrábamos en medio de un campo en completa oscuridad y silencio, cuando levantamos la vista al cielo. Y vimos el cielo más estrellado que hayamos visto jamás. Miles, millones de estrellas iluminaban la noche y nos dejaron con la boca abierta durante el rato que nos pasamos allí parados y alucinando, de tener la suerte de presenciar y darnos cuenta de lo pequeños e insignificantes que somos, de ver la magia del universo. 

Embobados, seguimos con nuestro camino y llegamos a nuestra cabaña dispuestos a probar el pescado del Mekong  hecho al vapor entre hojas de banana. Pero no había. Así que nos conformamos con un pollo con arroz que estaba igualmente para chuparse los dedos, con la promesa de la señora de la casa de tener pescado al día siguiente, pues éramos como 15 personas cenando allí y todas habían pedido pescado pero ninguna lo había podido probar! Jejej

El restaurante de la Guesthouse


Terracita del Restaurante


Con la tripa llena y después de unas Lao Beer, nuestra nueva cerveza favorita del mundo mundial, nos fuimos a dormir y recargar pilas para la aventura siguiente, pero eso ya será en un nuevo post, donde visitaremos las cascadas que nos encontramos en Don Khon. 

Mmmm... BeerLao
Todas las imágenes del blog pertenecen a Ruben Pereda Elizalde. Pero si os interesa utilizar alguna, no dudéis en poneros en contacto con nosotros!!

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