viernes, 30 de enero de 2015

Días del 19 al 21 - Khorat

Después de la odisea de autobuses, llegamos a Khorat (llamada oficialmente Nakhon Ratchasima) y nos dirigimos al hotel que habíamos reservado previamente a través de Agoda.com el hotel Sathorn Mansion

Parecía uno de los pocos hoteles medio decentes en la ciudad, pues no nos costó decidirnos por él cuando buscábamos alojamiento... En los otros parecía que nadie hablaba inglés, que estaban sucios y lejos del centro.... Así que nos dirigimos súper contentos con un tuk tuk hacia nuestro súper hotel y al llegar nos dimos cuenta de que nadie hablaba inglés (ni entendía o quería hacer el esfuerzo de entender el  lenguaje universal de las señas ;) ), estaba muy lejos del centro y sucio sucio...

Después de instalarnos en nuestra súper habitación nos fuimos paseando hacia el centro, en busca de algún sitio para comer.... Pero no había, no supimos verlo.... 


Sí que encontramos la zona fitness de la ciudad, el paseo del río!


Como en la mayoría de ciudades que hemos estado conociendo,  cada calle o barrio está digamos dedicado a un tipo de actividad económica. En nuestra calle, la actividad que reinaba sobre el resto era la de las ferreterías (saludos Marian y Tasio). En ellas, vendían de todo, desde cables y tornillos, cuerdas y piezas metálicas que desconocemos, hasta pienso para aves... Y las mismas aves!





La que has liao pollito!!!

Pasada la zona de las ferreterías, nos encontramos en medio de la calle de las tiendas de vestidos de novias. 

Pasada la zona nupcial, nos encontramos en medio de la calle de las tiendas de deportes, cuya mayoría vendía zapatillas y chanclas muy económicas.... Así que aprovechamos y nos compramos un par para usar en la ducha del hotel.... Jejejj 


Pescadito fresco

Un barco de oro...

Al fin, llegamos a lo que seria el centro de Khorat. Una zona ajardinada alrededor de lo que sería un río y donde se sitúa el monumento más importante de la ciudad: la estatua de Thao Suranari, una heroína local.

En frente de la estatua, que estuvo rodeada por varias decenas de personas cada vez que pasamos por ahí, se encuentra la oficina de turismo a la cual nos dirigimos con la esperanza de que nos pudieran indicar donde comer. Nos atendió un chico que nos regaló un mapa de la ciudad y nos indicó un restaurante que nunca pudimos encontrar. A parte de eso, le preguntamos si existía algún tour o salida para ver las Ruinas de Phimai . Su respuesta fue negativa, pero rápidamente  dijo que justo era casualidad que él mañana libraba y si le pagábamos un precio acordado, él mismo nos hacia de guía en su coche...  

La verdad es que el chico no nos despertó demasiada confianza, y tampoco su ingles era demasiado entendible, así que le dimos las gracias y si eso, ya pasaríamos más tarde a concretar.... Nunca volvimos. De hecho, nos las arreglamos para dar la vuelta a la oficina de turismo sin que nos viera el chico durante el día siguiente

Después de vagar por las calles de Khorat acompañados por el rugir de nuestras tripas, acabamos encontrando lo q parecía un local especializado en carnes, donde nos comimos un par de filetes que supieron a gloria.

Para el día siguiente, ya nos encargamos de mirar por internet a ver donde podíamos ir a comer, y acabamos en un pub inglés en la otra punta de la ciudad. En el pub no había ingleses, si no una mesa de clientes americanos (los únicos seres occidentales que vimos en Khorat) que, por lo que escuchamos, eran excombatientes de la guerra del Vietnam. Y por lo que observamos, no habían dejado atrás la "costumbre" de manosear a todas las camareras tailandesas que pasaban enfrente suyo. La verdad es que nos fuimos rápido, porque habían empezado a beber temprano y estaban soltando ya algunas perlas racistas por esas boquitas, que no quisimos ni escuchar.

Ese mismo día visitamos el único sitio de la ciudad que nos pareció interesante y realmente muy bonito: El Wat Phayap


Calle principal del templo

Dentro del recinto

Templo principal


Cuando entramos a este enorme templo budista, un monje muy sonriente nos señaló el camino hacia La Cueva, pues que otra cosa podían hacer dos turistas allí que no fuera buscar la cueva?


Entrada a la cueva

Cuando llegamos a la cueva, alucinamos. Era una estancia muy pequeña, en la que se encontraban cientos de estalactitas y estalagmitas donde reposaban decenas de figuras de Buda.

Parte del interior de la cueva
Dentro de la cueva

Dentro de la cueva
Buda en la cueva

La verdad es que nos pareció uno de los templos más originales que habíamos visto hasta el momento. Nos gustó tanto que hasta hicimos una donación voluntaria y escribimos nuestros nombres en el libro de visitas. Cotilleando el libro nos dimos cuenta que éramos los únicos occidentales que habían dejado su nombre allí en los últimos 5 años (que es el tiempo que llevaba el libro expuesto).

Dejando nuestros nombres en el libro de visitas


Después de la cueva fuimos a comer al pub que os hemos descrito antes, y a buscar la estación de tren para comprar los billetes hacia Ubon Ratchathani, desde donde pretendíamos el autobús hacia Pakse (Laos).

Al llegar a la estación una azafata muy maja y que hablaba suficiente inglés para contestar nuestras preguntas nos dirigió a la taquilla, donde compramos los billetes de tren que tras un viaje de 4 horitas nos llevaría a nuestro destino al día siguiente.

De regreso al hotel tuvimos que usar el traductor de google para que la chica entendiera que al día siguiente queríamos un taxi, y con traductor (google, ese gran amigo) y todo le costó entenderlo... Pero al final no hubo problemas, vino el taxista a la hora acordada y nos plantamos en la estación con suficiente tiempo para ver el día a día de las vendedoras de comida ambulante. 

Éstas se juntan en los andenes de la estación. Cuando llega un tren, entran a él corriendo y anunciando su mercancía a voces, mientras agitan el producto en el aire para que los clientes lo vean. El tren arranca con las vendedoras dentro y se para otra vez a unos 100 metros de la estación, donde ellas bajan con la poca mercancía que no han vendido. Deshacen el camino de regreso a los andenes por las vías del tren hasta los andenes otra vez y se sientan a esperar el siguiente convoy. Eso sí, ninguna de ellas perdió su sonrisa en ningún momento, y la camaradería entre "competidoras" estaba a la orden del día.

Finalmente, nuestro tren llegó con sólo diez minutos de retraso y fue nuestro turno de subir al tren, aunque no nos bajamos 100 metros más tarde, si no ya casi en la frontera con Laos. 


Todas las imágenes del blog pertenecen a Ruben Pereda Elizalde. Pero si os interesa utilizar alguna, no dudéis en poneros en contacto con nosotros!!

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