viernes, 6 de marzo de 2015

Días 24 y 25 - Champasak



Nos despertamos tempranito y junto a Jonas esperamos la minivan que nos llevaría hacia Champasak, un pequeño pueblo unos 30 km al sur de Pakse conocido más que nada por estar cerca de las ruinas del Vat Phou, unas de las más importantes de Laos. 


Después de que el amable dueño del Salachampa nos girara la cara cuando nos despedimos de él, pues seguía indignado porque no le compramos el billete hacia Pakse cuando nos dimos cuenta de lo caro que era comparando con cualquier otro sitio, empezamos nuestro camino hacia Champasak. 


Nada más salir del centro de Pakse sufrimos un pequeño pinchazo  en una rueda trasera que fue cuidadosamente arreglado en uno de los muchos puestos de arreglo de pinchazos que se encuentran en las calles y carreteras del Sureste Asiático. 

 
No teníamos mucha fe en que arreglaran el pinchazo en poco tiempo...


Con pinchazo incluido tardamos alrededor de una hora y media o dos hasta que de repente la minivan paró en medio de un camino paralelo al Mekong y nos tocó bajarnos. A unos 50 metros del camino divisamos dos pequeñas embarcaciones y como sabíamos que teníamos que cruzar el río para llegar a Champasak, pues para allá que nos fuimos. 


A la orilla del Mekong

No sabemos cómo, pero éramos 5 (una pareja Americana de mediana edad, Jonas y nosotros dos) y sin nadie mediar palabra los 5 nos subimos a la barca y ésta nos llevó a la otra orilla del Mekong, nos bajamos y nadie pagó. Supusimos que el precio del traslado por el río estaría incluido en la minivan que contratamos, y que nos habrían visto bajar de ella y por eso no nos dijeron nada… si hubiéramos hecho un “sinpa” realmente creemos que no nos hubiéramos podido ir de rositas… 

 
Cruzando el río


La pareja Americana nada más llegar ya arrancó para ir en búsqueda del hotel que tenían reservado. Nosotros junto a Jonas nos paramos a sacar unas fotos y estuvimos en el “muelle” un buen rato, tranquilos. 

El muelle de la orilla de Champasak

Cuando arrancamos dirección a la carretera principal buscando algún tuk tuk o algo que nos llevara al área de Champasak con hostels y hoteles, un señor muy risueño salió de una minivan que estaba aparcada en la esquina y nos empezó a contar, entre carcajadas contagiosas, que él tenía una pequeña guesthouse, que era muy barata, que su mujer cocinaba muy bien, que nos llevaba gratis, que fueramos, que estaba muy feliz, que era todo genial, que jijiji que jajaja… 


Desde ese momento pasamos a referirnos a él como “The Laughing Man” y entre risas subimos a la furgoneta. Dentro de ella estaba la pareja de Americanos, suponemos que esperando a que arrancara el Laughing Man que a su vez habría estado esperando a que los tres guiris (nosotros, claro) que estaban sacando fotos en el muelle se decidieran a moverse para poderles vender su alojamiento…


Arrancamos y en 5 minutos dejamos a la pareja en un hotel que parecía precioso y a 15 metros del cual se encontraba el que sería nuestro alojamiento para las siguientes dos noches:  Vongpaseud Guesthouse.


La verdad es que las habitaciones eran pequeñas, hacía mucho calor y muy limpio no estaba que digamos… pero  por 4$ la noche obviamente nos quedamos!!


La habitación era básica, pero tenía un ventilador en el techo (que se movía como si fuera a desplomarse encima de nosotros) y un baño privado que aunque no estaba muy limpio hacía su función. Como estábamos en plan ahorro máximo y hacía mucho calor, decidimos no pagar el dólar extra que nos hubiera dado agua caliente… Si al salir de la ducha de agua fría ya sudabas, imagínate si encima estuviera el baño empañado de vapor… no no, thank you!

Comimos en la terraza de la guesthouse, donde por cierto se comía muy bien y las raciones eran bastante grandes. 


Ese día lo dedicamos a planear los siguientes, en la terracita donde se estaba muy bien. Allí conocimos a tres chicas catalanas, de St. Boi, que eran muy majas. Estaban disfrutando de sus últimos días en Laos, después de un mes en este maravilloso país.

Nos fuimos a dormir prontito porque al día siguiente nos tocaba la pequeña aventura de ir a conocer el Vat Phou. 


El Vat Phou es un complejo de templos Jémeres y de inspiración hindú que formaban un complejo religioso que llegó a su momento más álgido en el S.XII bajo el reinado de Jayavarman VII (el mismo rey que ordenó construir Angkor Wat, en Camboya).


Está situado a 8 km de la zona de Champasak en la que nos encontrábamos así que, junto a Jonas, alquilamos unas bicicletas en la misma guesthouse y salimos en dirección al Vat Phou a las 8 de la mañana, pensando que al ser tempranito nos evitaríamos el solazo que normalmente pega por allí. Error. A las 8.30 ya estábamos medio deshidratados y todavía nos quedaba un buen trecho… 

Verano Azul en Champasak


Para más inri, la bicicleta de Natàlia resultó ser una bicicleta maléfica, cuyos frenos no funcionaban bien… No es que no frenara, no. Es que iba frenada  todo el rato! Imaginaros todo el solazo, el calor y el esfuerzo de ir pedaleando una bici que va frenada… con el cuerpo Danone de Natàlia, que no había hecho deporte en años! Y encima, ya se podía quejar, que Rubén y Jonas la miraban sin creerse que la bici no iba bien, pensando que básicamente era una blandengue…. Pues no señores!!! A mitad del camino de vuelta, Natàlia se plantó y le endiñó la bicicleta a Rubén, que aguantó nada más y nada menos que 5 minutos antes de empezar a quejarse de la bici! JUAS!


Después de pedalear y pedalear por una carretera que se nos hacía interminable metro tras metro, con una de las sudadas más importantes que hemos sufrido durante el viaje… llegamos!


Aparcamos las bicis en el parking que tienen montado ya para ellas, y nos dirigimos a comprar la entrada. 


Existen 2 tipos de entradas, aunque obviamente te intentarán vender la más cara. La otra, hay que pedirla:


-          Entrada VIP Museo y Sitio Arqueológico por 50.000 LAK

(Incluye un “transfer” que te lleva a 200 metros de la entrada por un camino que se puede andar fácilmente…)


-          Entrada Museo y Sitio Arqueológico por 30.000 LAK



La chica de los billetes nos dio el precio más caro, pero como ya nos habíamos informado y algunos viajeros nos habían comentado, la diferencia de precio no valía lo que costaba, de modo que le pedimos los billetes normales, no los VIP. Nos miró un poco raro, pero ningún problema. 


Cerca de la entrada se encuentra el edificio donde está situado el museo. Era la primera vez que entrabamos a un museo descalzos! 

Folleto Informativo del Vat Phou

Folleto Informativo del Vat Phou

Folleto Informativo del Vat Phou


Dentro del museo estaba prohibido hacer fotos. En él había piezas de arquitectura jémer que habían sido recuperadas del Vat Phou y otros sitios jemeres. Es un museo sencillo pero didáctico, pues todo está muy bien explicado y nos permitió identificar elementos arquitectónicos y sus funciones (prácticas, estéticas y simbólicas) más adelante durante la visita al complejo en sí.


El camino de 200 metros entre el museo y el Vat Phou es completamente llano y muy muy muy fácil de recorrer. Nos alegramos de no haber cogido el trenecito/cochecito que te lleva de una punta a la otra. 

De camino hacia los Palacios



Este camino atraviesa dos Barays, unos lagos artificiales que tenían un uso práctico (irrigación, pesca…) a la vez que religioso. Una vez atravesados estos Barays, nos encontramos con una explanada en la que se imponen dos construcciones que, aunque bastante destruidas, están ahora mismo siendo restauradas.


Uno de los Barays

Estas construcciones rectangulares son simétricas y tenían una función religiosa que todavía está indeterminada, aunque se han apodado el “Palacio de los hombres” y el “Palacio de las mujeres”, creyendo inicialmente que sus habitantes estaban separados por género. 

Llegando ya a los Palacios

El Palacio de las Mujeres

 
Detalle Palacio de las Mujeres

Entrando al Palacio de las Mujeres

Interior del Palacio de las Mujeres

Pasillos exteriores del Palacio


Atravesando los dos palacios, seguimos por un camino que nos lleva a los pies de unas escaleras que con el sol, el calor, la poca sombra y lo empinadas que eran se nos hicieron eternas.

Empieza la subida

Parece poco

Up, up!

Un último esfuerzo!


 
Cuando logramos llegar arriba de todo, dejando otros visitantes por el camino que acabaron rindiéndose y no subieron, encontramos el Santuario, que está repleto de preciosos relieves hindúes (Krishna, Indra, Vishnu, Shiva…) , aunque tiempo después de su creación fue transformado en un santuario budista. 

Hay que refrescarse después de esto!

No pueeedooorrr!


Llegamos arriba!

Templo principal

Detalle Relieves, un Dvarapala protegiendo el templo

Más relieves, en este caso una Apsara


En este relieve Indra monta encima del Elefante de Tres Cabezas (Erawan)


Detrás del Santuario, subiendo un poco más, se encuentra la fuente sagrada de agua que era muy venerada y lo sigue siendo por los devotos budistas.


Lateral del Santuario

La fuente sagrada

El agua se filtra por la roca

 Por la zona de alrededor el Santuario también se encuentran algunas piedras esculpidas, con la forma de un elefante, un cocodrilo y dos serpientes.


El elefante

Dos serpientes

Otro elefante

La naturaleza recuperando lo que es suyo

Después de descubrir la zona de la montaña durante un buen rato, y ya descansados de la subida, bajamos hasta el parking de bicicletas y nos dirigimos a buscar algún sitio para comer por los alrededores.


Jonas y Natàlia, ya de vuelta

Nos encontramos un pequeño restaurante, donde solamente servían un plato: sopa de noodles. Nos pedimos una, que era ENORME y el único que se la terminó fue Jonas… A  nosotros no nos gustó nada, y con todo el dolor y toda la vergüenza de nuestro corazón, allí se quedó… Ya comeríamos algo luego.


El camino de vuelta fue igual de duro que el de ida, menos para Natàlia, que como ya os hemos comentado  le endiñó su bicicleta a Rubén a medio camino y pudo pedalear haciendo menos esfuerzo jijiji.


Descansamos un poquito en la guesthouse y nos fuimos a pasear por el pueblo, a ver que había por allí, sentándonos a tomar una cervecita refrescante a las orillas del Mekong y a cenar.

Paseando por Champasak

Casoplón en Champasak

La calle principal de Champasak, y su rotonda

Oficina de Turismo
 
Visitante en el hotel

Holaaaa!



Dormimos muy pero que muy bien por el cansancio que llevábamos encima… Al día siguiente nos íbamos junto a Jonas y las 3 chicas de St. Boi hacia las 4.000 Islas del Mekong, concretamente a Don Det. Pero eso, ya quedará para el siguiente post!


Todas las imágenes del blog pertenecen a Ruben Pereda Elizalde. Pero si os interesa utilizar alguna, no dudéis en poneros en contacto con nosotros!!

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